De la contravigilancia al espionaje masivo en indiscriminado 10 diciembre, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Alfabetización mediática, Crítica mediática, Medios de comunicación.Tags: espionaje, Pensamiento crítico, videovigilancia
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La semana pasada, Javier Ricou, periodista de la Vanguardia, que preparaba un informe sobre “La vigilancia del Gran Hermano” me pidió mi opinión sobre la siguiente cuestión: “¿El ciudadano vigilado por un poder que lo controla todo empieza a asumir, de la mano de las nuevas tecnologías, el papel de vigilante de ese gran ojo que todo lo ve?”. O, dicho de otro modo: ¿Podremos los ciudadanos resistir el embate de la vigilancia del Gran Hermano?
He aquí lo que le contesté:
¿Pueden ser las videocámaras personales un instrumento para oponerse y controlar los abusos del poder por parte de los ciudadanos? Sí, claro, pero sólo en algunos casos. Lo significativo, en cambio, es precisamente lo contrario: que el poder, actualmente, tiende a usar las videocámaras de las calles para imponerse y controlar a los ciudadanos.
De hecho, estamos avanzando hacia un estado de vigilancia total que se alcanzará cuando todas las cámaras –terrestres o satelitales- se integren en un sistema central de monitorización y visualización. Y no estamos lejos de ello.
Por eso, frente a este estado de vigilancia ubicua que se avecina, las videocámaras contra los abusos sólo pueden considerarse armas blancas usadas en una especie de guerra de guerrillas en las que el adversario utiliza armas pesadas.
Pese a todo ¿se conseguirá progresar democráticamente con esta guerra de guerrillas? Sí, pero con lentitud. Para avanzar, lo que verdaderamente importa, en cambio, es controlar democráticamente el uso de la videovigilancia que hace el poder, y sus abusos. Y aquí la implicación ciudadana sí es crucial.
Ésta es la auténtica batalla visual y democrática de nuestros días”.
Sólo horas más tarde WIKILEAKS anuncia que dará a la luz Spyfiles, un informe sobre cómo operan infinidad de empresas para la inteligencia y el espionaje.
Europa Press informa de que “Con estos archivos, Wikileaks desvela el funcionamiento de la tecnología de vigilancia y espionaje que los gobiernos y otras organizaciones pueden comprar para espiar a “individuos o poblaciones enteras”. En este sentido, de los documentos se desprende que aparatos como Blackberry o iPhone pueden grabar cada toque de teclado que haga una persona y que hay aplicaciones que permiten hacer fotografías a los usuarios de los MacBook mientras los están utilizando. “¿Quién de aquí tiene un iPhone?, ¿Quién tiene una Blackberry? ¿Quién usa Gmail? Pues estáis todos jodidos. La realidad es que los contratistas de Inteligencia están vendiendo ahora mismo a países de todo el mundo sistemas de vigilancia para esos productos”, ha dicho Assange durante una rueda de prensa en Londres”.
“Las compañías de espionaje internacional están asentadas en los países con tecnología más sofisticada y venden su tecnología a cualquier país del mundo. La industria está, en la práctica, sin regular”, ha señalado Wikileaks a través de su página web. “Las agencias de Inteligencia, ejércitos y Policía son capaces de interceptar llamadas sigilosamente y en masa, así como de intervenir ordenadores sin la ayuda o conocimiento de los proveedores de red”, ha agregado. “La localización física de los usuarios puede ser sometida a seguimiento si llevan encima su teléfono móvil, aunque no esté en funcionamiento”, ha revelado. Assange ha recalcado que Estados Unidos, Reino Unido, Sudáfrica y Canadá están desarrollando “sistemas de espionaje” y que la información está siendo vendida por igual “a dictaduras y democracias”.
En total, los archivos desvelan información de 160 empresas, entre ellas la española Agnitio –que ofrece “la más avanzada tecnología de biometría de voz que permita la identificación, rastreo y precisa verificación de identidad usando la voz”, según su página web–, que estaría desarrollando estas aplicaciones y aparatos de espionaje, ignorando o saltándose la regulación y “haciendo un guiño a los regímenes dictatoriales que cometen abusos contra los Derechos Humanos”.
Durante la investigación de estas compañías, Wikileaks, con la ayuda de la revista ‘online’ francesa ‘Owi’, habría descubierto cómo la compañía de seguridad francesa Amesyssold habría vendido equipamiento de estas características al ex líder libio Muamar Gadafi –asesinado el 20 de octubre por tropas rebeldes a las afueras de Sirte, su ciudad natal– para espiar a la oposición”.
No estamos ya ante caso de vigilancia individualizada y personalizada, sino ante un auténtico espionaje masivo en indiscriminado. “Las compañías venden en secreto equipamiento para grabar constantemente las llamadas de teléfono de países enteros. Otros graban la localización de todos los teléfonos móviles de una ciudad, con un margen de 50 metros. Los sistemas para infectar a todos los usuarios de Facebook, o propietarios de ‘smart phones’ están en el mercado de Inteligencia”.
Si estas informaciones –que, por supuesto, parecen creíbles- son ciertas, a la vigilancia mediante videocámaras, habría que añadir la vigilancia que nuestros dispositivos móviles, auténticas prótesis de nuestros cuerpos, proporcionan a esa constelación de poderes diversos que quieren controlarnos.
En consecuencia, no hay un Gran Hermano, hay muchos Hermanos Grandes, pero todos se relacionan entre sí y todos, de alguna manera cuentan con nosotros y nuestros móviles. De hecho, estamos avanzando hacia un estado de vigilancia total. ¿Quién puede dudarlo?
La publicación directa: las formas sobreviven, el fondo cambia 6 diciembre, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Alfabetización mediática.Tags: cibermedios, ciberperiodismo, kindle, publicación
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La noticia de que cualquier persona puede publicar su propio libro directamente a través del nuevo servicio de Kindle Direct Publishing nos muestra el cambio profundo y silencioso que están viviendo los medios de comunicación clásicos a causa de Internet.
Más allá de la noticia, el servicio Kindle Direct Publishing pone de relieve un fenómeno paradójico: los formatos de contenidos tradicionales sobreviven a los cambios tecnológicos pero, en el fondo, sus tradicionales sistemas de producción y las cadenas de valor correspondientes se están arruinando a ojos vista[1].
Los periódicos, las programaciones televisivas, los diarios personales y los libros han pasado a la red conservando sus formas estéticas y organizativas. Y, sin embargo, todo ha cambiado en el fondo. Si hacemos caso de McLuhan cuando considera que todo medio de comunicación contiene en su interior a otro medio –“el contenido de la escritura es el discurso (…) el contenido de la imprenta es la palabra escrita”[2]- entonces, es el medio interior de cada medio -es decir, el que está en segundo plano- lo que ha cambiado. Pero ese cambio es sustancial.
Veamos, en primer lugar, las apariencias que se mantienen. Los periódicos en la red se parecen, a primera vista, a los de papel: organizan sus contenidos en los mismos géneros, secciones, medidas y estilos. Los programas de televisión pueden encontrarse en servicios a la carta en Internet, pero mantienen las resonancias de la emisión lineal en cadena, los tiempos, las locuciones. Los diarios personales, las bitácoras en la web, tienen aún las resonancias del diario escrito a mano y conservado celosamente en al secreto de un cajón. Los libros digitales, por su parte, reproducen incluso las texturas aparentes del papel, las mismas divisiones en capítulos e imitan el movimiento de páginas…
Sin embargo, más allá de las apariencias –insistimos-, los procesos de fondo y la arquitectura institucional y las cadenas de producción en que se fundaban los medios clásicos sí han cambiado enormemente.
Cambios en profundidad
Repasemos los cambios.
Los periódicos digitales[3], a diferencia de los tradicionales, son hoy ya un híbrido de lenguajes y medios –textual y audiovisual- tienen su fuerte en la interacción con la audiencia, en sus archivos, en la participación, y se saltan, a menudo, los filtros y los principios editoriales de antaño. Resumiendo y simplificando, lo que está cambiando es el periodismo.
La televisión, por su parte, ya no es lo que solía ser. En nuestros días, se consume en función de la situación y el deseo del usuario individual. Han caído, pues, las sujeciones y ritmos temporales. Se ha roto, además, la ligazón a un espacio concreto. Hoy en día las programación secuencial ha perdido peso y el sistema televisivo tiende a potenciar las series y los acontecimientos espectaculares –sobre todo, los deportivas- que tienen ritmos propios y que son ajenos a los de las cadenas clásicas.
Pero, además, es que sistemas de televisión en Internet -como You Tube, Vimeo[4]- han proporcionado la posibilidad de crear cadenas a la carta, para cada persona o institución que lo desee… Y todos sabemos que el valor de la televisión masiva consistía en su abrumadora singularidad y su prepotencia -con abuso notorio del factor “gran audiencia”, factor que empieza ya a resquebrajarse-. Sabemos ya que no es lo mismo detentar un oligopolio que asegura audiencias millonarias que convivir con una oferta saturada y alcanzar audiencias limitadas… Lo que ha cambiado, a ojos vista, con ello es la estructura tradicional de la producción, la distribución y el consumo televisivos.
Los diarios personales estén en forma de blog o de red social- , en el fondo, al pasar a la red pierden sus virtudes propias. Ya no son secretos, ya no ayudan a cincelar pausadamente una personalidad. Al contrario, son gestos exhibicionistas que reclaman la hetero-dirección de la subjetividad de quienes los escriben para fortalecerse… Lo que cambia es la escritura de la subjetividad.
Los libros digitales, finalmente, sólo conservan su apariencia, pero han destrozado oficios y figuras como la del librero, la del editor, la del director de colecciones, y amenazan con extinguir la del bibliotecario. Entre el autor y el lector sólo media una tecnología en apariencia neutra. Con Kindle Direct Publishing cualquier persona puede –como indica la presentación del nuevo sistema-: “publicar sus propios libros en el Amazon Kindle Store. Es gratis y sencillo. Los libros publicados a través de KDP pueden beneficiarse del programa de 70% de royalties y pueden recibirse en Kindle, o a través de los apps de Kindle para iPad, iPhone, iPod touch, PC, Mac, Blackberry y sistemas basados en Android. Con KDP cualquiera puede publicar libros en inglés, alemán, francés, español, portugués e italiano y especificar un precio en dólares, libras esterlinas, y euros”… En definitiva lo que cambia es el mundo editorial.
Estamos ante una conservación de las formas y una mudanza profunda en la sustancia. En definitiva estamos ante la emergencia de un sistema de sistemas rotundamente nuevo y que acabará por imponerse.
Los antiguos oficios y poderes ya no son los que eran. Las tradicionales cadenas de producción se resquebrajan. Las personas tienen que cambiar de ámbitos y tareas. En fin, toda una seria y costosa transformación.
¿Quiere esto decir que no habrá ni cortapisas, ni barreras, ni filtros para la comunicación? Es pronto para saberlo, hay que esperar, pero no es iluso pensar que las habrá, aunque en apariencia no las haya.
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[1] No solo financieramente hablando, sino funcionalmente. Queremos decir que muchas de las estructuras antiguas pierden sentido pragmático.
[2] Cf. McLuhan, Eric y Zigrone, Frank: McLuhan, escritos esenciales. Barcelona, Paidós, 1998.
[3] Cf. Ciberperiodismo, en Anàlisi, nº 38, Departamento de Periodismo y Ciencias de la Comunicación, Universidad Autónoma de Barcelona.
[4] Cf. Rafael Díaz: El vídeo en el ciberespacio: uso y lenguaje, en Comunicar, nº 33, pp. 63-71.
Los discursos que cuentan 21 noviembre, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Alfabetización mediática, Crítica mediática, Pensamiento crítico.comments closed
El análisis puede ser sencillo, pero es contundente. Los resultados electorales en España evidencian victoria absoluta del Partido Popular y una auténtica debacle socialista.
¿Pero qué nos dicen estos resultados sobre la arquitectura semiótico-discursiva de cada uno de los partidos contendientes?
Un primer apunte. El partido que se ha sabido presentar como icono del cambio lo que, de paso, le ha permitido situar en segundo plano su propio programa- es decir, el PP- ha ganado contundentemente las elecciones y ha obtenido una mayoría holgada de los votos. Conclusión: la oposición pasa a ser referencia simbólica cuando lo que más cuenta es el desencanto y el malestar con el gobierno. Y así, una mayoría de ciudadanos ha situado su objeto de deseo en cambiar, como fuese, ante un discurso que, ante la crisis, se ha mostrado contradictorio e impotente.
El partido socialista ha escenificado –sobre todo en la noche electoral- al dejar sólo a Alfredo Pérez Rubalcaba, lo que se intuía: vive en un desconcierto absoluto, sin saber qué hacer. N ha logrado explicar que en el segundo mandato de Zapatero casi todas las medidas de gobierno han ido encaminadas a contradecir –directamente- la doctrina socialdemócrata y al propio programa electoral de un Zapatero que incluso llegó a prometer el pleno empleo y que deja tras sí 5 millones de desempleados. Desde luego, un próximo a Zapatero –aunque con una tradición más amplia que éste ene el socialismo- no ha logrado distanciarse suficientemente, por lo que su gran debilidad ha sido la falta de credibilidad.
Pero no sólo desconcierto y falta de credibilidad, el partido socialista ha mostrado con la noche electoral lo que ya se intuía: que se encuentra en un estado de “sálvese quien pueda” y bastante desunido. ¿Dónde estaba Zapatero esa noche de resultados? Un presidente de Gobierno saliente y un secretario general del PSOE ¿puede desentenderse hasta ese punto de su electorado? ¿Dónde estaban sus ministros que siempre han pugnado por “salir en la foto”? Si Rubalcaba pidiendo a sus fieles que no le acompañaran a rendir cuentas ha querido situarse como único responsable de la derrota, lo que ha conseguido es precisamente lo contrario: que la opinión pública reconociese la perfecta cobardía de un partido que no ha sabido ni siquiera “dar la cara”. ¿Qué confianza podrá inspirar con esos procedimientos?
En el resto de partidos, está claro que Izquierda Unida es el que mejor ha sabido capitalizar el discurso del 15 M y el malestar ante el capitalismo salvaje, también ante la política de Zapatero.
Éste ha sido el discurso que representaban las opciones más políticas y comprometidas con las tareas de gobernar.
Viene luego el discurso de las convicciones esencialistas y nacionalistas. El nacionalismo, es evidente, sigue prosperando –todos menos el de Rosa Díez- gracias, por cierto, a una ley electoral que favorece la concentración de votos. ¿Qué hubiera pasado de votarse en distrito único? Pues que Izquierda Unida y Rosa Díez hubieran quedado muy por encima de todos los nacionalismos “periféricos”.
LOS HÉROES
Entremos en el discurso que viven los protagonistas, en su devenir heroico de cuento de hadas.
En el plano de los candidatos, los resultados han premiado la historia del héroe sufrido que pasa por el desierto y, finalmente consigue la victoria. Un héroe que en el camino ha conocido incluso la traición de los propios –que ha vivido su particular negación de sus fieles. Hablamos de Mariano Rajoy.
Las elecciones, en cambio, han castigado, seguramente por poco heroico, la acción representada por Rubalcaba: la de un “segundo” permanente, agazapado en su inteligencia sutil y habilidosa, que si, de pronto, da un paso adelante y hacia el frente de batalla es sólo para cerciorarse de que casi todos sus primeros –con la excepción de Felipe González- le han dejado completamente solo. ¿Un fallo cálculo de su proverbial inteligencia o simplemente un fair play que, incluso por ética, no se ha planteado hasta donde podía llegar la deslealtad de los propios? Tal vez, todo a la vez.
Pero sobre todo, la de Rubalcaba ha sido la acción de un héroe fallido. La de un “segundo” permanente al que le ha faltado un período de sufrimiento, es decir, un tiempo en que los héroes se forjan. Sólo le quedaría, por tanto, no abandonar, seguir al frente, pasar un desierto y apostar de nuevo. Aunque esto no parece probable.
En el resto de partidos, se ha premiado la novedad en el recorrido heroico, es decir, la emergencia de nuevos líderes –aunque algunos de ellos vengan de lejos- pero que hasta ahora no se habían visto en una situación como la actual, de aquí que todos resultaran “frescos” –desde el punto de vista semiótico- para su electorado.
EN PERSPECTIVA
Pero vayamos un poco más del relato manifiesto y lo “dicho” y expresado. Entremos en la pragmática. ¿Qué propuesta de acción, o qué consecuencias prácticas, nos presentan estos discursos? ¿Qué relación tienen con el contexto?
Lo que desazona al intentar contestar esta pregunta y al adquirir perspectiva es que discursos y héroes, en el contexto europeo actual de crisis económica y de gobierno de los grandes –Alemania y Francia-. Es que una se da cuenta pronto de que todo es poco significativo. De que el margen de maniobra que queda es escandalosamente estrecho y de que apenas se ha planteado esta cuestión. ¿Qué puede influir España en Europa y qué pueden hacer –al margen de recibir órdenes y consignas- nuestros dirigentes en Europa?
Ésta es la impotencia real en que se encuentra la palabra política hoy: que apenas cuenta nada sobre las verdaderas cuestiones. Que el discurso estridente de un capitalismo de casino, dominado por el cinismo y la corrupción, le priva de sentido a la palabra política. No le deja ningún margen.
De aquí la impotencia del discurso del 15 M y de aquí la sensación de estar representando una opereta que dan los políticos en casi todas partes. En ellos se percibe la grandilocuencia forzada de quien siente la nostalgia de otros momentos de épicos pero vive realmente una especie de farsa.
De aquí la decepción de los ciudadanos que piensan que pueden, deben y tienen mucho más que decir en un sistema político, incluso después de haber votado.
Porque la salud del sistema político no depende de tener al frente de Gobierno a un Monti o a un Rajoy –aunque las manera sí son importantes-, sino de cómo éstos sepan articular, en su modo de gobernar, la palabra de los ciudadanos que se sienten defraudados estando como están en navegando en un mar embravecido de impotencia política.
En esta tesitura es en la que empiezan realmente los discursos que cuentan.
Desenchufados de los medios 18 noviembre, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Alfabetización mediática, Cultura mediática.Tags: investigación, Susan Moeller
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“El mundo desenchufado” se denomina una investigación tan interesante como llamativo es su título. Investigación que ha realizado Susan Moeller con sus propios estudiantes de doctorado en el Centro Internacional para Medios de Comunicación y Asuntos Públicos (International Center for Media & the Public Affairs, ICMPA) en colaboración con la Academia de Salzburgo sobre Medios de Comunicación y Cambio Global (Salzburg Academy on Media & Global Change).
Los investigadores han propuesto a grupos de estudiantes de diversos países del mundo que intenten vivir 24 horas, es decir, una jornada de sus vidas, sin medios de comunicación -ni teléfonos móviles, ni televisión, ni ordenadores, ni radios…- y que luego cuenten su experiencia en un relato en primera persona.
Me cuenta la propia Susan que la investigación –de la que aún no ha podido, por cuestión de tiempo, todos los resultados potenciales- ha provocado ya un “tremendo interés en los medios de todo el mundo (BBC, CNN, the New York Times, etc.).” Y ella misma se sorprende de que la televisión de Corea estuviera grabando recientemente un documental sobre la investigación que será emitido en Diciembre”.
EL INTERÉS DEL TEMA
El mundo desenchufado pone de relieve la especial relación que se establece entre medios y personas. Relación que ha interesado siempre en teoría de la comunicación y en sicología -desde las teorías de la aguja hipodérmica y el conductismo más simple a la teoría de las gratificaciones sicológicas o las más recientes de mediación cognitiva (framieng, agenda setting, etc.). Pero en un mundo globalizado y completamente mediatizado en el que los medios absorben buen parte del tiempo de vigilia de nuestras vidas, los enfoques se renuevan y se enfatiza nuestra dependencia mediática.
Han pasado ya más de 25 años de un famoso estudio de Mary Wyn: The Plug-In Drug que ponía de manifiesto la capacidad de crear adicción que tenía la televisión. Hasta el punto de que la autora la comparaba con una especie de droga. Más adelante, Tod Gittlin con un enfoque más sociológico, hablaba de la necesidad de conexión perpetua que unos medios ilimitados nos proponían con una corriente continua de información: Media Unlimited: How the Torrent of Images and Sounds Overwhelms Our Lives . Y de un modo parecido se pronunciaba Neil Postman en su famoso: Amusing Ourselves to Death: Public Discourse in the Age of Show Business
Todos estos estudios y ensayos ponen de manifiesto que dependemos estrechamente en nuestras vidas de los medios electrónicos y digitales. E indican que esa dependencia va aumentando con el tiempo.
Una palpable demostración de esta tesis es el sentimiento de abstinencia, de falta que se experimenta cuando, de repente, nos desenchufamos, aunque sea por unas horas, de la corriente continua del discurso mediático: cuando nos desconectamos. Intentando poner de relieve esta dependencia, ha habido muchas y muy diversas propuestas.
De entre todos los medios, el que más propuestas de desenchufarse ha recibido ha sido la televisión. No en vano es el medio que históricamente ha ocupado más tiempo de nuestras vidas de modo masivo. La tradición es larga y parece que se forjó a partir de una iniciativa de un semanario Adbuster (TV Turnoff Week), en 1995, y luego se generalizó.
En algunos países, como en Canadá y Francia, existen asociaciones dedicadas a proponer una semana sin televisión como un sistema de aprendizaje y de experiencia singular a los profesores y estudiantes. E, incluso, alguna vez el experimento se ha logrado llevar a cabo en un pueblo entero.
UNA ADICCIÓN GLOBAL
El estudio reciente de Susan Moeller y sus estudiantes presenta la novedad de poner de manifiesto que la adicción a los medios es ahora global y que afecta casi por igual a todo el mundo.
Vale la pena, por tanto, tomar muy en cuenta sus conclusiones. Se resumen en 15 puntos que expresan así:
“1. Aunque la “adicción” de los estudiantes a los medios de comunicación no pueda diagnosticarse clínicamente, los síntomas de abstinencia al parecer sí que son reales, como también la ansiedad y la depresión.
2. En todos los países, una clara mayoría de estudiantes admitieron haber fracasado por completo en sus esfuerzos de pasar un día completo desconectados.
3. Los estudiantes informaron que los medios de comunicación, en particular sus teléfonos celulares, se han convertido literalmente en parte de sus cuerpos. Por lo tanto, prescindir de ellos los hizo sentirse como si hubiesen perdido parte de sí mismos.
4. Estudiantes de todo el mundo informaron que estar conectados a la tecnología digital las 24 horas del día, los siete días de la semana no sólo es un hábito, sino que es fundamental para la manera en que establecen y manejan sus relaciones de amistad y su vida social.
5. Los estudiantes construyen diferentes identidades “de marca” para sí mismos, y usan distintas herramientas de comunicación para llegar a distintos tipos de personas.
6. Para muchos estudiantes, pasar 24 horas sin usar los medios de comunicación desveló la cortina tras la que ocultaban su soledad.
7. Muchos estudiantes, de todos los continentes, literalmente no podían imaginarse cómo llenar sus horas vacías sin los medios de comunicación.
8. Los teléfonos celulares vienen a ser la “navaja multiusos” Y también la “mantita para acurrucarse” de esta generación.
9. ¿Qué son “noticias”? Para los estudiantes, “noticia” es “cualquier cosa que acaba de pasar”: desde los acontecimientos mundiales hasta los pensamientos cotidianos de sus amigos.
10. “Ya no buscamos las noticias, las noticias nos buscan a nosotros”.
11. “140 caracteres de noticias son todo lo que necesito”.
12. La televisión es para relajarse.
13. En todo el mundo, los estudiantes usan la música no sólo para hacer más tolerables los viajes de ida a vuelta a sus lugares de estudio o de trabajo, sino también para influir sobre sus estados de ánimo.
14. El correo electrónico no está muerto: sólo que ya tiene sus años y es “para trabajar”.
15. “Simplificar, simplificar”. En todo el mundo, algunos estudiantes resultaron ser “trascendentalistas en ciernes”: hicieron la observación de que “pudieron volver a disfrutar de los placeres simples de la vida” cuando renunciaron a usar los medios de comunicación durante 24 horas”.
Todas y cada una de estos puntos, que, obviamente requieren más detalle y explicación, merecerían por sí mismos un serio ejercicio de reflexión y de investigación científica.
Nada es gratis en el capitalismo 15 noviembre, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Alfabetización mediática.Tags: Crisis, economía
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Octubre de 2008. En este mismo blog citaba textos del El País: “Pasan los días y ya en Octubre la crisis y el miedo es ya pánico. La semana que culminaron ayer los mercados mundiales –decía entonces un editorial de El País- es peor incluso que las peores semanas de los meses de octubre de 1929 y 1987. (…) peor que ningún otro crash”…
Han pasado tres años. Estamos ya en Noviembre de 2011. Pero la situación apenas ha variado. Efectivamente, las primas de riesgo de países “sistémicos” como Italia y España rozan el desastre, las bolsas caen, el paro aumenta, el crédito es inexistente. Hay miedo y pánico, como entonces, solo que ligeramente embotados ya por la costumbre.
Eso sí, hay nuevas comparaciones sobre la mesa. Según Merkel, estamos “en tiempos de cambio de época en los que Europa atraviesa su hora más difícil desde la II Guerra Mundial”. También es nuevo, aunque se diga menos, que ahora el problema no parecen ser ya los bancos, sino las deudas soberanas. Sin embargo, es evidente que no han variado ni la desconfianza en el sistema económico, ni las pocas esperanzas de encontrar soluciones a medio plazo.
Es todo el sistema el que parece estar dando una vuelta de tuerca más en su propio huracán. Primero se retorcieron hasta el extremo los bancos –a base de quiebras y caídas- y el entero sistema financiero, luego los estados –aumentando dramáticamente su deuda soberana-, y después la política en general –ofreciendo referéndums fracasados y dimisiones al siempre soberbio altar de los “mercados”… Ninguno de ellos -bancos, estados, gobiernos…- deja, desde luego, buena figura para la historia. Salen malparados y cabizbajos. Lo que sorprende es que, en cambio, el capitalismo parece seguir ufano, dueño de sí mismo, aunque solo sea en apariencia.
Pero, ¿por qué? ¿qué tiene el capitalismo para poder estar en todas las batallas y salir aparentemente indemne? ¿Por qué aún, con lo que está cayendo, parece mantener buena figura?
Nada es gratis
Uno no puede dejar de preguntarse sobre todo ello cuando lee Nada es gratis , un buen libro de divulgación sobre la crisis económica de España donde se nos intentan explicar, de modo sencillo y comprensible, las turbulencias del sistema económico y cómo afectan éstas a nuestro país.
Y al hacerme esta pregunta sobre la continua buena imagen del capitalismo, y a tenor del contenido de este libro,me parece evidente la respuesta a esa pregunta. La buena imagen del capitalismo se basa en que parece la virtud que consiste en que, en cualquier circunstancia -incluso en momentos tan espantosos como los que vivimos en los que cualquier otro actor hubiera desfigurado ya su propia cara- el capitalismo sabe, en cambio, presentarse como algo angelical, como un juego con reglas y límites en el que siempre gana el mejor. Es así como se presenta en Nada es gratis.
Se podría decir, pues que la mejor arma del capitalismo es la impasibilidad, la capacidad de hacer como si nada fuera con él… en el fondo su falta de compromiso con nada que no sea él mismo. Insisto, Nada es gratis me parece la evidencia de esta impasibilidad del capitalismo, de su capacidad de decir: “nada va conmigo”.
El libro puede leerse como un conjunto de diagnósticos y de recetas que parten de una premisa que sus autores dan por fundada: las reglas del juego capitalistas no sólo son buenas, sino que no pueden ser de otro modo.
En Nada es gratis, el capitalismo se presenta como un juego casi inocente, como las reglas de un partido de fútbol, sin responsabilidad sobre los posibles desenlaces, sin responsabilidad tampoco sobre ninguno de los males que se pudieran producir… y la economía, por su parte, aparece como el arte estratégico de jugar bien ese juego: en definitiva, como un juego respetuoso.
Los autores de Nada es gratis, un grupo de economistas académicos de primera línea –con toda la sagacidad, audacia y perspicacia del mundo; también, seguramente, con toda su buena intención- describen la crisis económica española como si se tratara sencillamente de un partido de fútbol, es decir, de un simple juego en el que las reglas son conocidas, existen árbitros más o menos imparciales y unos equipos se enfrentan con otros volcando en ello sus mejores talentos. Pero un partido que, sencillamente, los españoles hemos jugado y estamos jugando mal.
Siempre, según estos autores, si el país lo está pasando mal es, sencillamente, porque no tiene los mejores jugadores –no los ha sabido fichar-, porque no ha organizado un buen sistema de incentivos – es decir, no paga bien a los jugadores “excelentes”- y, sobre todo, porque el contrincante, muchos más rápido y eficaz, ha metido más goles que nosotros. ¡Porque basta pensar en la selección española, campeona del mundo, para pensar que las cosas se pueden hacer de otro modo…!, dicen los autores.
Nada más sencillo que esto. Así que, conclusión: no hay que tocar el capitalismo, ni quejarse de sus crisis ni de sus exabruptos… Es sólo un simple juego: o aprendemos a jugar bien ese juego o saldremos malparados. Porque, no lo olvidemos, si salimos mal parados, la culpa no es del sistema, es solo nuestra.
Sin embargo, saliendo del libro y mirando a nuestro alrededor ¿qué se percibe? Pues, tensión, ruina, paro, depresión, precariedad laboral, ilusiones rotas, histeria mercantil, especulación, sálvese quien pueda… También corrupción, engaño, falta de transparencia…
Pero, me pregunto, ¿por qué no están estos temas incluidos en los factores de la crisis que trata de explicarnos Nada es gratis? ¿Es que, acaso, no forman parte de la crisis? ¿Es que no componen también su auténtico rostro?
Pues bien, casi nada de estos factores están tratados en el libro citado. Allí todo parece presentarse como un juego de contabilidad y técnico, con errores, pero sin intereses perversos, sin agresiones y atropellos… Los autores nos presentan un mundo en el que todo parece fruto de estrategias abstractas e inocentes… como si la economía se jugara en un mundo que no es el real. O como si se tratase de un puro juego sin consecuencias
¿Podríamos pensar que este enfoque es una visión académica? ¿Lo es porque la academia gusta de los juegos de salón? O ¿es que los autores no ven, o no quieren ver, que hay reglas, juegos y sistemas que tienen contradicciones fundamentales, que establecen reglas perversas -por ejemplo, cuanto mayor es la deuda de alguien, más intereses se le hace pagar-?
Si se contempla el auténtico rostro de nuestra crisis – ese que ya hemos mencionado-, ¿podremos seguir considerando que el capitalismo es solo como el fútbol, un simple juego inocente? O, en cambio ¿debiéramos pensar que, en todo caso, se parece más al espectáculo de un circo romano donde el público esperaba y propiciaba que hubiera sangre y muertes, sin lo cual no se conformaba? ¿O deberíamos reconocer que hay un juego más amplio grande e importante que el de la economía que es, sencillamente el de la vida sobre el planeta, y que en ese juego las consecuencias del juego de la economía pueden ser fatales?
Yo creo que, a la vista de lo que vemos, habría que empezar a pensar que estamos más cerca del circo romano y del juego de hundir el planeta que de un sencillo e incruento juego de salón.
Tal vez, dirán ustedes, no es para ponerse estupendo… pero a mi sí me parece significativo que, en el mismo momento en que Merkel habla de una situación parecida a la Segunda Guerra mundial, es justo cuando Obama, Netanyahu y Ahmadinejad hacen sonar los tambores de una guerra en Irán -que, esta vez sí puede ser nuclear-. No tendríamos, entonces, que dejarnos de explicaciones propias de un juego de salón y disponer de una visión más realista y menos angelical de lo que está sucediendo? Sea dicho esto, en todo caso, con el merecido respeto que se han ganado los autores de Nada es gratis
Nada es gratis… Elegir un punto de vista -y no mencionar el otro- tampoco es gratuito…
KILÓMETRO 0.2 21 mayo, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Comunicación.Tags: Comunicación, política WEB 2.0
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La Puerta del Sol, la Plaça de Catalunya, la Plaza de la Encarnación y cientos de plazas más en toda España han sido y son testigos de una protesta de jóvenes y no tan jóvenes que marcará, con toda probabilidad, un punto de inflexión en la política en España.
A estas alturas, cuando son miles los ciudadanos que se adhieren a esta rebelión horizontal contra la el estado de la cosa pública, uno advierte que algo va a ser distinto en el futuro. Un futuro que empieza cargado de paradojas y de inversiones singulares.
Ese simbólico kilómetro 0 de la Puerta del Sol –en el que convergen con toda su fuerza la radialidad de las carreteras españolas y del poder político- expresa ya hoy día paradójicamente lo contario que durante siglos ha estado significando, es decir, que el centro ya no cuenta, que lo que empieza a contar -en un sistema comunicativo basado en Internet- es la horizontalidad, la informalidad y la comunicación-red. Porque es en este estilo de comunicación en lo que se ha basado el poder de convocatoria de las protestas del 15 M.
Pero, esta Puerta del Sol –como la Plaza Tahrir en Egipto y tantas otras-, es también la expresión de que esa red comunicativa-virtual en las nubes que es Internet 2.0, se empieza a complementar necesariamente -para ser operativa- con la espacialidad concreta de plazas y calles. Porque sin esa espacialidad física de las plazas y las calles, las comunicaciones 2.0 quedarían, sencillamente, en un ejercicio meramente informativo, es decir, serían irreales.
Tal vez, por eso la rebelión del 15 M marque que estamos pasando en comunicación y en política del Kilómetro 0 al Kilómetro 0.2. Es decir, que estamos viviendo una doble inversión: la inversión de la centralización radial del sistema político, y la inversión también de la virtualidad en las nubes que representa la web actual (2.0). Todo un cambio en profundidad del ámbito político.
Tras la rebelión del 15 M queda claro que la nueva política exige ya comunicación horizontal y descentralizada y, también, en el encuentro personal en plazas y calles. Dicho de otro modo, esta nueva política es la muestra de la doble exigencia: por un lado, que la circulación de la información se haga horizontal y equitativamente –también, instantánea; a la vez, la exigencia del encuentro físico, emocional y real.
Pero, por encima de estas inversiones lo que realmente están haciendo los ciudadanos al reclamar una Democracia real ya, es la recuperación del auténtico sentido de la política que es, como expresaba hace tiempo Hanna Arendt: “la alegría y la satisfacción que nacen del hecho de estar en compañía de nuestros semejantes, de actuar en conjunto y de aparecer en público, de insertarnos en el mundo a través de la palabra y de la acción, y así adquirir y sostener nuestra identidad personal y empezar algo enteramente nuevo”.
Éste es el tipo de política que reclaman las protestas del 15 M: una política auténtica, basada en una verdad sentida y lejos de la vaciedad retórica de la politiquería institucionalizada. Todo un simbólico Kilómetro 0.2.
El eclipse de las humanidades y las nuevas tecnologías 20 abril, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Comunicación, Crítica mediática, Cultura, Internet, Media Literacy, Pensamiento crítico.add a comment
Jordi Llovet acaba de publicar una parte de sus memorias en tono de despedida elegíaca a la Universidad[1].
Esas memorias son un libro personal pero cuyo interés va más allá, sin duda, de la peripecia biográfica del autor para alcanzar el estatus de crítica melancólica –en el buen sentido del término[2]- dirigida contra o hacia ambiente intelectual y educativo de nuestro momento. También es una crítica apasionada a favor del humanismo.
Adéu a la Universitat intitula Llovet su memoria-libro. Pero el subtítulo del libro es más cabal: L’eclipse de les humanitats. Porque, en el fondo, lo que describe el texto es ese languidecimiento y declive del espíritu humanista (o lo que queda de él) ante la avalancha de la tecnologización –e imbecilización, el vocablo es nuestro- de la existencia.
Lo que el autor lamenta, con exquisita melancolía, es la pérdida del respeto a la tradición cultural y sus valores; la insolencia ignorante con que se suele despachar hoy en día la necesaria devoción por el lenguaje humano –radicalmente oral- y con la que se prescinde del esencial arte de la conversación (que ya reivindicaba Erasmo de Rotterdam en De ratione studii; la desconsideración hacia el valor del estilo y de las formas - y la cortesía- en la vida cotidiana; la ruina del buen gusto y de la discreción en los comportamientos… En definitiva, todo aquello que va contra, el valor de la inteligencia creativa del ser humano.
Llovet aprecia esta pérdida de respeto y desconsideración en el seno, justamente, de las instituciones que nunca hubieran debido perderlo: en la Universidad y en el sistema educativo. Lo achaca a múltiples causas, pero, en parte, a la actual invasión de las nuevas tecnologías –y nuestra consiguiente sumisión a ellas-. A propósito de ello, propongo al lector algunas citas -extraídas del texto de Llovet- sobre este tema que,y que más que nada quieren ser una invitación a su lectura completa:
- “Los defensores más encarnizados de las nuevas tecnologías en el terreno de la enseñanza no podrán dejar de aceptar que en primer lugar se ha producido un enorme empobrecimiento del lenguaje entre las clases discentes –que acabará contaminando, por simpatía, a los docentes- y, sólo algo más tarde, el uso de las tecnologías en el campo de la enseñanza se ha considerado como un recurso salvador. No es que el uso de las nuevas tecnologías en la escuela haya favorecido una degradación del lenguaje –lo cual vendrá a partir de ahora-; es que esta degradación –tanto en el lenguaje hablado como en el escrito- sobrevenida desde el inicio por otras causas, aconseja hoy en día a los profesores, por puro instinto de supervivencia, prescindir todo lo que se pueda del lenguaje a favor de la imagen o de la pantalla del ordenador, por tal de ajustarse a la escasa capacidad de las personas jóvenes para hacer un uso razonable del Verbo. Las causas que han propiciado este envilecimiento del elemento verbal durante los últimos decenios son múltiples, muchos de ellos anteriores a las nuevas tecnologías –el botellón, la banalización de las relaciones sexuales, la falta de autoridad familiar, la enorme difusión de las formas más modernas y estridentes de la música, la televisión, el prestigio del deporte, el fenómeno de las raves, etc.-, pero no deja de ser cierto que el uso de las nuevas tecnologías –el teléfono portátil, los iPhone, las videoconsolas, Internet, el Facebook, el fenómeno del chat, etc.- ha acabado de empujar un clavo que empezó a introducirse en la carne de las personas jóvenes, y no tan jóvenes, hace tiempo. La paradoja, pues, es que el remedio que se ha puesto a la falta de orden en las aulas y a la enorme dificultad de los alumnos –ya de cualquier edad- para seguir las pautas de la pedagogía tradicional –practicada en Occidente desde el tiempo de los egipcios hasta hace pocos años- es un remedio que en estos momentos se convierte en una nueva causa eficiente del mismo mal: posiblemente el remedio más perverso y, a la vez, más poderoso de todos lo que podríamos haber imaginado” (pp. 307-308).
- “Cuando los ordenadores hayan invadido todas las aulas de Occidente, entonces será difícil imaginar que todavía se puede transmitir –y, en especial, genera- alguna clase de saber prescindiendo del uso de la informática. Entonces se habrá creado un espacio único, común y generalizado por lo que hace a la recepción de cualquier información –desde las más banales, como las canciones de rock, pop o techno, hasta las más complicadas en el ámbito del saber científico y literario en todos sus géneros, de la poesía, de la novela, de la filosofía a la teología, y este espacio se corresponderá estrictamente con la práctica pascaliana del divertissement, y casi nada, o realmente nada, con la práctica del saber como aprendizaje y articulación de ideas y de marcos conceptuales inéditos en la experiencia cotidiana toda persona. La diversión habrá ocupado, casi sin excepción, el espacio que había ocupado tiempo atrás –quizá hace mucho tiempo- la mayéutica socrática o la práctica del conocimiento como investigación lógica en el seno de las categorías del lenguaje, las cuales, por mucho tiempo que pase, serán siempre la más sólida garantía de la adquisición y de la “fabricación” del conocimiento”. (p. 306).

- Ante los que pudieran tildar su crítica a la actual educación de conservadora, porque no repara en que en estos tiempos se ha conseguido la extensión universal de la educación, Llovet contraargumento: “es una suposición que los tiempos históricos hayan cambiado para mejorar la especie humana; y, especialmente, es muy discutible que la educación contemporánea haya dado mejores resultados –excepto aquellos que son estrictamente de orden material- que la educación en otros períodos de la historia. El acceso a la educación se ha hecho universal, pero también se tiene que decir que esta universalidad, positiva en sí misma, no ha comportado una mejora en la preparación de los estudiantes, ni de los de secundaria ni de los de los universitarios, en especial en todo lo que hace referencia su capacidad de hablar, leer, y escribir”. De ahí, añadimos nosotros, la importancia de esa reivindicación extemporánea al trívium (gramática, dialéctica, retórica).
Por certeras, discutibles o provocadoras que puedan parecer estas ideas, polémicas, el principal valor del libro de Llovet, amén de su lucidez, es su valentía para a ir contracorriente del pensamiento educativo establecido. Y su capacidad de desafiar el pensamiento hegemónico en las sociedades de la información –no en general, sino en particular en la nuestra más cercana (Barcelona, Cataluña, España, Europa, etc.).
Ese pensamiento hegemónico –pero, indiscutiblemente, melifluo- que se deslumbra –enlluerna, escribe Llovet en catalán- ante la explosión de la información –tenga ésta o no sentido-. Ese pensamiento hegemónico que cede al determinismo tecnológico más simplista y vulgar… aunque nada ingenuo y, menos, inocente.
…Y, arrimando el ascua a nuestra sardina –discúlpeme el lector por ello-, el libro de Llovet representa una culta, erudita y lúcida justificación a la reivindicación –más intuitiva que erudita- de ese nuevo humanismo que defendemos Tapio Varis y yo en otro texto… Texto, tal vez, eso sí, menos melancólico y escéptico que el de Llovet, pero, quizá, más ingenuamente optimista: Media Literacy and New Humanism.
La calle y las tecnologías 15 abril, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Comunicación, Medios de comunicación, Pensamiento crítico.add a comment
Estuve ayer en la plaza Sant Jaume -mejor dicho, en sus aledaños porque no se podía pasar de la tanta gente que había-. Me quedé, nos quedamos, contemplando cómo los ciudadanos saben defender en la calle sus derechos y los servicios públicos -es decir, los servicios de todos.
Tuve allí la convicción de que la “calle” cuenta. De que va acontar en este inmediato futuro. Como han contado las plazas en las revoluciones en el mundo árabe. Por eso lleva razón Pisani cuando relativiza el peso de las nuevas tecnologías y de las telecomunicaciones en las rebeliones contemporáneas. Son importantes, pero no determinantes. La presencia sigue siendo importante por delante de la virtualidad. Las calles, las plazas, los espacios públicos reales siguen contando.
Ayer se veía en la concentración de Barcelona -sin duda, un preámbulo-. Las tecnologías de la comunicación son importantes porque la gente que está cerca de los problemas -y los vive y los siente- también los conoce, los sabe y los interpreta gracias a la información que recibe a través de los nuevos medios. Se tenía la sensación en la calle de que los ciudadanos tienden a estar mejor informados que sus dirigentes, tienen más sentido común e, incluso, mejor información. Cualquier eslogan, cualquier pancarta rezumaba más sentido común que la dogmática doctrinaria de los recortes lineales.
Se tenía, también la sensación de que estar en la calle, en una concentración, por ejemplo, no es estar solo expuesto a las inclemencias del espacio público o sujeto al discurso de los grandes medios. Ahora hay algunos sistemas de protección: la gente hacía fotografías, vídeos, narraba por teléfono lo que estaba viendo. Las tecnologías eran su aliado.
Lo que desentonaba en esa manifestación, eran otras cosas: las grandes y pesadas cámaras de las televisiones -tal vez símbolo de su poca capacidad de reacción informativa -que está quedando subordinada a informar y promocionar el fútbol- que andaban perdidas entre la multitud.
Como desentonaba el que la prensa electrónica, pese a twiter, eskup o cualquier otro sistema era más lenta en informar que la misma ciudadanía sobre lo que estaba pasando. ¿Se habrán quedado, tal vez, con tanto ajuste sin fondos para contratar reporteros?
Como desentonaban también los pocos mossos de escuadra que tuvieron que hacer mutis por el foro después de un intento fallido de contener lo incontenible. ¿Quién les mandaba ni siquiera aparecer cuando todo era tan civilizado?
Tuve la sensación y también la convicción de que este movimiento seguirá. La gente sabe -entre otras cosas, a través de los medios- que la corporación política- tiende a buscar el dinero donde no lo hay -en los recortes de empleo, por ejemplo-. Y, sin embargo, no escudriña donde lo encontraría: en el pozo de la corrupción; en la financiación fraudulenta de los partidios políticos; en la evasión fiscal; en la economía negra; en tantas leyes que se promulgan y no se cumplen; en los desorbitados bonos a los directivos, en las empresas con beneficios que sin embargo, insisten en despedir mileuristas; en los sistemas financieros que despilfarran los fondos de los demás; en el capitalismo de ruleta; en un star system de todo tipo que entretiene al personal… Etc.
Sin embargo, esta sociedad de la información empieza a mudarse. Se aprecia que, gracias a las tecnologías, entre otras, la gente está informada, conoce, sabe, y tiene conocimiento. Y por eso sale y saldrá a la calle. Saldrá informada e informando… Parce que iniciamos la época de los ciudadanos informados pero, también, la de los ciudadanos en la calle.
Y sin embargo, en los “despachos” como sólo hay información virtual y no se pisa la calle siguen pensando en otra cosa. Son seriamente ignorantes de que los ciudadanos están ya informados y también saben salir a la calle. Precisamente aquello que no osa la gente de los despachos.
El compromiso continúa… 13 abril, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Medios de comunicación.Tags: ética, Periodismo
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Si en España hay un periodista emblemático es, sin duda, Gabilondo.
Él ha narrado para la radio y/o para la televisión desde la muerte del dictador (1975) hasta el 23 de Febrero (1981) y la llegada de los socialistas al gobierno español (1982), el atentado terrorista de los trenes en Madrid del 11 de Marzo (2004), las guerras de Irak (1991 y 2001) y la crisis económica (2008). Y vivido en directo la “despedida y cierre” de un canal de noticias (CNN+) y su ominosa sustitución por otro de sandeces: Gran Hermano. 
¿Es esta la razón por la que su libro más reciente se llama Fin de una época? ¿Es este su legado a los jóvenes periodistas: un mensaje de decadencia? No. Todo lo contrario.
HACE TREINTA AÑOS
Conocí a Iñaki Gabilondo siendo yo director del departamento de periodismo de la UAB, cuando le organizamos con Paco Lobatón –que había sido compañero suyo en Radio Sevilla- un homenaje de desagravio justo cuando Adolfo Suárez le acababa de cesar como jefe de informativos de Televisión Española a los pocos meses de haberlo nombrado. También parecía un cierre decadente. Pero, en realidad, fue un nuevo principio.
Aquella “despedida” coyuntura fue sobre todo un presagio de que la UCD que Suárez había fundado no resistía ya los aires de libertad del periodismo de Gabilondo; como no resistiría más tarde al propio Suárez que tras haber “heredado” el franquismo se había comprometido firmemente en liquidarlo. Pero también una anticipación de que, a la postre, el periodismo comprometido de Gabilondo resistiría el envite.
La confirmación: al cabo de 30 años y otra vez como director del mismo departamento, Iñaki dicta una conferencia en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB en auténtico olor de multitudes de jóvenes periodistas. Esta vez se homenajea en cierto modo su trayectoria periodística entera. Y su mensaje sigue siendo igual de valiente: el compromiso con el periodismo.
EL COMPROMISO PERIODÍSTICO
Si hace 30 años el periodismo sucumbía frente a los reflujos del fascismo y dictadura, hoy día su amenaza está en el mercantilismo y en la maximización de las audiencias. Insisto: que un canal de noticias cierre y en su lugar aparezca, en el mismo canal y sin solución de continuidad uno dedicado a Gran hermano es más que un símbolo. Pero, si hemos de aprender de lo ocurrido, lo cierto es que hemos de dar por descontado que dentro de otros treinta años, tal vez alguien pueda celebrar que el compromiso periodístico continúa…
Si hace treinta años, el rasgo más definitorio de Gabilondo era la valentía, lo sigue siendo hoy en día. Se dirige a los estudiantes que abarrotan la sala y le siguen con fervor asegurando que un periodista “es una persona comprometida con lo que le rodea. Con valentía. Un periodista es una persona íntegra que se interesa espontáneamente por los demás, que sabe que su trabajo es contar lo que pasa a su alrededor, facilitando su interpretación a los ciudadanos”.
EL PERIODISTA TIENE UN DESTINATARIO: UNA PERSONA CONCRETA
“El periodista –sigue diciendo- es una persona que viaja, mira y aprende de la gente. Se puede viajar a la realidad más cercana o a la más lejana, pero lo que interesa siempre es mirar el rostros de los demás, hablar con las personas…”.
“Periodista es también quien siempre recuerda cuando realiza su trabajo que existe un destinatario real. Una persona que le escucha, que deposita su confianza en él, que le concede cierta credibilidad. Y esto es un auténtico compromiso”.
Gabilondo cree que no sólo lleva razón Kapucinski al decir que el periodismo no es para cínicos, sino que quien olvida que la gente le escucha y olvida también que se debe a esa gente. Quien hace eso no es un periodista ni nada que se le asemeje”.
Por eso lamenta “que muchas empresas periodísticas hoy en día sólo piensen en maximizar las audiencias, en ganar dinero sin ninguna otra consideración…”.
“NO SUICIDAOS TODAVÍA”
Optimista, profético y seguro, Gabilondo sostiene que los jóvenes no deben ser pesimistas, “que si el mundo va mal y el suicidio está justificado, sobre todo, no se suicide nadie todavía –dice medio en broma medio en serio- porque del futuro solo sabemos que será distinto. En el futuro habrá cambios, porque los ha habido en el pasado, pero es un espejismo pensar que todos los cambios acaban en nosotros mismos y que, por tanto, podemos pensar que las cosas seguirán siendo tan lamentables como ahora. No es cierto. El cambio continúa y todo es posible”.
De ahí su optimismo: “hay que esperar un poco para suicidarse y ver qué va pasando”, repite.
Finalmente, una recomendación a los futuros periodistas: “sobrevivirá el periodista que se preocupe por amueblar bien su cerebro. Por interpretar el mundo, por comprenderlo, por explicarlo. En esencia, quien esté aprendiendo siempre. Las tecnologías y las industrias son coyunturales. Lo que importa en el mundo son los contenidos y lo que soporta el contenido son los lenguajes. Quien cuide el lenguaje, quien lo ejercite, quien cuide su idioma e intente comprender, ése será el periodista del futuro y de siempre”.
LOS VALORES DE SIEMPRE
En el ambiente de la sala de actos de la Facultad flota una sensación: que, aunque Gabilondo cumpla casi cincuenta años de trayectoria profesional, la Facultad celebre sus cuarenta años –y, en lo personal, yo esté volviendo a dirigir el mismo departamento que hace treinta años- los valores del periodismo de siempre están más vivos que nunca.
No es el fin de una época, sino el inicio de otra en la que recuperar los valores de antaño es una prioridad.
¿Será esto por lo que la idea de nuevo humanismo no se separa de mí en los últimos tiempos?
¿Se puede suprimir la radio pública? 3 abril, 2011
Posted by J. M. Pérez Tornero in Comisión Europea, Comunicación, Medios de comunicación.Tags: doble financiaciónn, radio pública
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Coincidiendo con la entrada de la gobierno de la Generalitat, la Asociación de radio privada de Cataluña ha reclamado la eliminación –no se sabe si total o parcial- de la radio pública en Cataluña y la supresión de la doble financiación de la radiodifusión pública. Así lo recoge una nota de prensa emitida por la Asociación y los argumentos contenidos en un informe de la misma.
Esta presión se enmarca, de hecho, con un movimiento más amplio orientado, según algunos, no sólo a la eliminación de la radio pública, sino a la privatización, directa o indirecta, de muchos servicios del Estado y de la Generalitat, que se recogen en el informe económico de un grupo de expertos presentado al Presidente de la Generalitat.
Pero, ¿es de recibo solicitar la eliminación de un medio público? ¿Hay razones legales para ello? ¿Está fundado en derecho reclamar la supresión de la doble financiación?
Al margen que la libertad de expresión ampara cualquier propósito, e incluso despropósito. Lo cierto es que en el ordenamiento jurídico catalán, español o comunitario, no hay ninguna razón para pedir la supresión de los medios públicos, ni su adelgazamiento.
Como tampoco existe ninguna razón jurídica para solicitar la supresión de la doble financiación.
Todos estos aspectos son decisión legítima y soberana de cada Estado y sus administraciones o parlamentos correspondientes. Y nada impide en Cataluña sostener y apoyar estatal, autonómica o localmente el actual sistema de radiodifusión pública.
Pueden, en todo caso, discutirse y afinarse algunos aspectos del sistema y, para ello existen entre otras los parlamentos y las autoridades independientes encargadas de regular el sector.
En cualquier caso, para disipar las dudas conviene repasar algunas cuestiones. Lo haremos fundamentalmente a partir de la Comunicación de la Comisión Europea sobre ayudas estatales a la Radiodifusión.
¿HAY FUNDAMENTOS PARA SUPRIMIR MEDIOS DE RADIDIFUSIÓN PÚBLICOS?
Desde el punto de vista de la legitimidad y la legalidad catalana, española y europea, NO existen razones para esta supresión.
Veamos por qué:
Porque lo estados europeos miembros de la Unión, en el mismo momento que abrieron la posibilidad de la participación privada en el servicio de radiodifusión mantuvieron el principio de que “era preciso mantener el servicio público de radiodifusión como un medio para garantizar la cobertura de una serie de ámbitos y satisfacer las necesidades que los operadores privados no tenían por qué cubrir en grado óptimo”.
Porque, siempre según la Unión Europea, la importancia de la radiodifusión pública para la vida social, democrática y cultural en la Unión se vio asimismo reafirmada en la Resolución del Consejo y de los Representantes de los Gobiernos de los Estados miembros reunidos en el seno del Consejo, de 25 de enero de 1999, sobre el servicio público de radiodifusión. Como destaca la Resolución, «un acceso amplio de los ciudadanos a los distintos canales y servicios, sin discriminaciones y en condiciones de igualdad de oportunidades, constituye una condición previa necesaria para cumplir el cometido específico de los servicios públicos de radiodifusión».
Por último, «es necesario que los servicios públicos de radiodifusión puedan seguir ofreciendo una programación diversificada acorde con la función que le hayan asignado los respectivos Estados miembros, a fin de atender a la sociedad en su conjunto; en este sentido es legítimo que los servicios públicos de radiodifusión hagan lo posible para llegar a una amplia audiencia».
¿HAY QUE ELIMINAR LA DOBLE FINANCIACIÓN DE LA RADIOS PÚBLICAS EN CATALUÑA?
Hay, desde luego, un precedente: hace bien poco, las televisiones privadas españolas lograron, mediante acciones de lobby, acabar con la financiación mixta –ayuda estatal y publicidad- de RTVE. ¿Era necesario suprimir esa doble financiación? No, de ningún modo, desde el punto de vista de la legislación europea.
Porque la ayuda estatal a la radiodifusión pública, incluso la denominada “doble” financiación está expresamente protegida por el tratado de la Unión Europea. Protegida, en concreto, por un protocolo anejo al tratado de la Unión que dice expresamente que los estados pueden sostener la radiodifusión pública en virtud de “necesidades democráticas, sociales y culturales de cada sociedad y con la necesidad de preservar el pluralismo de los medios de comunicación”.
En todo caso, la supresión asumida voluntariamente por el Estado –Gobierno y Parlamento- de la doble financiación para RTVE, no tiene por qué obligar a otras supresiones. Las razones son claras y contundentes: la legislación europea admite claramente la doble financiación –estatal y comercial- de la radiodifusión pública.
¿QUIÉN HA DE DECIDIR SOBRE LA VIABILIDAD DE LA DOBLE FINACIACIÓN?
En los países en que esta doble financiación existe –por ley y tradición- en caso de que sea impugnada por alguien, es el propio Estado, en el ejercicio de soberanía y, en caso de reclamación fundada, solo es la Comisión Europea la que debe resolver las desavenencias, y esto en un marco bastante restrictivo.
EN EL CASO DE CATALUÑA, ¿ESTÁ GARANTIZADA ESTA DOBLE FINANCIACIÓN?
En el caso de Cataluña, existen todas las condiciones para que la Comisión avale la viabilidad de la doble financiación:
a) existe una definición clara de la misión de servicio público, y
b) existe una autoridad independiente que regula y vigila el cumplimiento de este servicio –el Consell Audiovisual de Cataluña.
Quien quiera NO SUPRIMIR, sino incidir o afinar la doble financiación tiene ninguna o escasísimas opciones de basarse en la legislación de nuestro país para hacerlo.
Y tiene muy pocas para hacerlo basándose en la legislación europea. En todo caso, para hacerlo, debería probar mediante demostración fehaciente que:
1. Se producen graves errores en el cumplimiento de la misión pública de la radiodifusión. O que:
2. Esta financiación “afecta a los intercambios comerciales entre Estados miembros, las ayudas otorgadas por los Estados o mediante fondos estatales, bajo cualquier forma, que falseen o amenacen falsear la competencia, favoreciendo a determinadas empresas o producciones”.
Pero, en cualquier caso, debe tenerse en cuenta que en caso de litigio entre misión de servicio público y mercado, la legislación europea es la que da prioridad a la misión de servicio público –por encima de la competencia en el mercado-: «Las disposiciones del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea se entenderán sin perjuicio de la facultad de los Estados miembros de financiar el servicio público de radiodifusión”. Única consideración compensatoria: “en la medida en que dicha financiación no afecte a las condiciones del comercio y de la competencia en la Comunidad en un grado que sea contrario al interés común, debiendo tenerse en cuenta la realización de la función de dicho servicio público».
Desde mi punto de vista, por tanto, será arduo probar ante la Comisión que la actual situación de la radiodifusión pública en Cataluña sea contraria al interés común, o que se afecte a las condiciones de comercio y competencia en la Comunidad”.
En todo caso, el debate está abierto, y, en cierto sentido, puede ser favorable para fortalecer las condiciones de pluralismo mediático, diversidad cultural y educación democrática. E, incluso, potenciar el mercado audiovisual en todas sus facetas.















