¿Por qué no alertaron los medios de la crisis?

Cuando -en medio de una sopresa generalizada y de un shok sicológico de envergadura mundial- los bancos se hunden, quiebran las compañías aseguradoras, suspenden pagos las empresas, los alimentos se encarecen y se pierden millones de empleos, tal vez deberíamos preguntarnos por qué no alertaron los medios de comunicación a tiempo e todo esto que nos ha sobrevenido.

Cuando se discute mucho dsobre la credibilidad del sistema financiero, y del tremendo derrumbe de la confianza en los bancos (trust, para decirlo en inglés)  a la que nos ha llevado la trampa de las hipoteas basura (subprime).  la conclusión es clara para muchos: no contábamos con un sistema finaciero internacional seguro ni trasparente en el que confiar, como también han resultado tremendamente dignas de desconfianza las arrogantes recetas y creencias y postulados neoliberales. Pero la pregunta surge espontaneamente: ¿podemos confiar en nuestros medios de comunicación? Qué ha pasado con ellos y con el periodismo en los prolégómenos de la crisis? ¿No eran los encargados de hacer transparente la sociedad, de alertar de las amenazas y peligros, de ayudar a resolver problemas y a fortalecer una esfera pública democrática? ¿Acaso no habíamos confiado en ellos y, por tanto, igual que hemos deositados nuestros ahorros en un banco, no hemos depositado en ellos nuestra fiabilidad?

Cuando, antes y después de esta crisis, el discurso publicitario y marquetiniano se ha impuesto, y a veces con soberbia a la información y al periodismo; cuando el entretenimiento ha suplantado al discernimiento; cuando se ha anatematizado cualquier regla que no dejara en completísima libertad -a veces, en grado de obscenidad y, muchas veces sin responsabilidad- a los propietarios y gestores de los medios), ¿no hay que interrogarse sobre la confianza que nos puede merecer este sistema mediático? ¿No hay que preguntarse que ha al lhecho con nuestra credibilidad e intentar descubrir por qué también nos ha fallado? ¿Acaso no vivíamos en la era de la información y en la sociedad del conocimiento?

Hay mucho que decir al respecto, mucho que estudiar y, probablemente, mucho que cambiar. Porque si el avión de la economía se empieza a estrellar, nos damos cuenta de modo palpable de que no solo están fallando los pilotos y sino también los pretendidos sistemas de alerta -es decir, los medios de comunicación. Por error u omisión o por complicidad culpable, muy no nos han hecho más transparente aquello que debieran ni tamoco se han mostrado proclives al entendiemiento  y a la comprensión de los hechos.

Lo más prudente y conveniente, entonces, es empezar a interrogarnos a fondo y sin complejos ni limitaciones apriorísticas sobre los deberes y responsabilidades mediáticas en la crisis y su ocultamiento a interrogarnos sobre la eficacia o ineficacia del sistema global de comunicaciones que se ha implantado con el neoliberalismo de los úlitmos años y, naturalmente, proceder a la revisión crítica y profunda de muchos de los postulados que inspiran su actual desarrollo. Lo contrario sería necedad.

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