Jenkins: la convergencia mediática y la cultura participativa

 

Hnry Jenkins, el autor de Convergence Culture

Hnry Jenkins, el autor de Convergence Culture

La convergencia mediática no se corresponde únicamente con la interconexión de los canales de distribución –plataformas-, ni de las tecnologías. Se trata, sobre todo, de un proceso de transformación cultural que afecta a los usos de los medios de comunicación. Este proceso cultural está basado en las nuevas posibilidades de acción y participación de los usuarios que ha abierto la digitalización de los medios. La convergencia, pues, anuncia la coexistencia de los nuevos medios digitales con el auge de una cultura participativa, protagonizada por comunidades de usuarios de una actividad casi frenética. Éstas son las tesis centrales del libro de Henry Jenkins, Convergence culture. La cultura de la convergencia de los medios de comunicación,  Barcelona, Paidós, 2008. 

“Con convergencia –escribe el autor- me refiero al flujo de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias mediáticas y el comportamiento migratorio de las audiencias mediáticas, dispuestas a ir casi a cualquier parte en busca del tipo deseado de experiencias de entretenimiento”. (p. 14). 

La nueva circulación de los contenidos mediáticos –sigue defendiendo Jenkins-  depende de la participación activa de los consumidores (…) “La convergencia representa un cambio cultural, ya que anima a los consumidores a buscar nueva información y a establecer conexiones entre contenidos mediáticos dispersos”. (p.15). 

Sin embargo, como señala el autor, la paradoja de la situación reside en el fuerte contraste y contradicción entre: por un lado, a) una “alarmante concentración de la propiedad de los medios comerciales dominantes, con un puñado de conglomerados mediáticos multinacionales que dominan todos los sectores de la industria del entretenimiento” (p. 28) y, por otro, b) la facilidad y libertad con que se puede dar en nuestros días la participación ciudadana a través de las redes digitales de comunicación. Según el autor es difícil valorar el resultado de la contradicción: “unos ver el mundo sin gatekeepers, otros un mundo donde los gatekeepers tienen un poder sin precedentes. Una vez más, la verdad yace en un punto intermedio” (p. 28).

 El libro de Jenkins presenta muchos aspectos interesantes. Se ocupa de fenómenos de transmediación –es decir, de contenidos y relatos que atraviesan diferentes soportes, el fenómeno Matrix, por ejemplo; también analiza los intentos comerciales de promover el amor hacia las marcas manipulando una economía afectiva que cuenta con un consumidor “activo, emocionalmente comprometido y socialmente interconectado” (p. 30) –estudia el caso de American Idol  en EEUU-. Trata también sobre la cultura participativa que representan, de algún modo, la actividad de los fans de La guerra de la galaxias o los de Harry Potter.

En su conjunto la obra de Jenkins es una excelente interrogación sobre los nuevos fenómenos que surgen con el desplazamiento del antiguo paradigma de la comunicación de masas y el inicio de la cultura multimedia, o de la participación. Tiene el encanto doble: de una escritura propia de un enamorado del cambio mediático, por un lado, que, al mismo tiempo, sabe percibir y describir la ambivalencia de la situación, sus contradicciones y paradojas. Finalmente, su confianza en que la alfabetización mediática, es decir, la capacitación crítica de los ciudadanos es la clave e la calidad de la nueva cultura participativa.


Para una buena descripción de lo que significa la convergencia mediática cf. Alina Pérez Martínez y Heriberto Acosta Díaz, “La convergencia mediática: un nuevo escenario para la gestión de información”, ACIMED ISSN 1024-9435