Barcelona: escenario paradójico


Viki, Cristina Barcelona, una película de enredos sentimentales de Woody  Allen, y The Wheelman, un videojuego violento de conducción temeraria y agresiva, producido por la compañía Midway, han elegido Barcelona como escenario de sus relatos. La primera es una película de promoción de la ciudad como destino turístico –obviamente, costeada en muy buena parte por los poderes públicos barceloneses y catalanes. El segundo es un producto controvertido sobre el cual el ayuntamiento de Barcelona descarta presentar cualquier acción jurídica para frenar su comercialización.

La situación es, como mínimo paradójica y curiosa, y tiene muchas lecturas y plantean muchos interrogantes. ¿Estarán los poderes públicos implicados satisfechos con que la ciudad sea un escenario concurrido por la industria audiovisual? ¿Temerá que atraiga a dos tipos de turistas distintos? ¿Qué perfil tendrían esos turistas? ¿Entusiastas de la identidad catalana, como Cristina, o del latin lover barcelonés, como Viki, o sencillamente entusiastas de la ciudad como objeto de contemplación, o como objeto de destrucción?

Por oro lado, ¿Cuál habrá sido la razón ultima de la película de Woody Allen? ¿La promoción, la experimentación, la creación, la estética, el tópico o el tema? Y en el caso de Wheelman, ¿la imagen de la ciudad, su relación con los delitos, su plasticidad visual para videojuegos, su capacidad de fomentar la agresividad?

Todo eso para preguntarnos, en fin, ¿qué complejos recovecos sigue y transita la industria audiovisual a la hora de seleccionar ciudades-plató, y qué retorcidos mecanismos impulsan a los creadores a seleccionar el escenario de sus sueños o de sus pesadillas?

Habría más preguntas que hacerse y contestarse, pero estas otras quedan para los lectores-espectadores-jugadores.