Alfabetización mediática y nuevo humanismo

El 2 de Mayo del 2011 escribía la última entrada de mi blog; hasta la presente.

Me he sorprendido. Sabía que había abandonado esa escritura pública y constante que debe ser un blog, pero no tenía hasta ahora plena conciencia del tiempo que había pasado: casi un año de standby. ¿Por qué? Busco seguramente excusas: he trabajado en dos libros en este período. Pero, ¿por qué he renunciado, entre tanto, a publicar en el blog?

No sé si lo sabré algún día y si, además de la pereza o el cansancio, encontraré otras razones… Pero una explicación posible es el crecimiento de la complejidad de nuestro entorno; la dificultad de, siquiera, intentar comprender esa creciente complejidad para alcanzar a decir algo mínimamente sensato.

Testimonio de esta dificultad es el último libro que hemos publicado Tapio Varis y yo por encargo del Instituto de tecnologías y educación de la UNESCO. El título del libro lo expresa todo: Alfabetización mediática y nuevo humanismo.

Alfabetización mediática es el nuevo mot d’ordre de la teoría crítica sobre la comunicación y de la semiótica de los medios. Significa más o menos: hemos constatado que los medios cada vez son más envolventes, que su impacto aumenta en todos los órdenes de la vida y que, en este contexto, la regulación y las políticas de la comunicación pueden tener una influencia limitada. ¿Qué planteamos como alternativa crítica entonces? Pues la toma de conciencia crítica por parte de los individuos y los colectivos ante esos medios. Una toma de conciencia crítica que acerque a la democratización y a la autonomía, que ayude a utilizar mejor los medios según nuestros legítimos intereses y a resistir a su poder cuando pongan en riesgo nuestra autonomía y libertad.

¿Por qué hablar de nuevo humanismo junto a alfabetización mediática? Es una firme convicción que compartimos Tapio y yo. Del mismo modo que en el Renacimiento se proclamó, en un contexto de cambio tecnológico –imprenta, telescopio, brújula, etc.- la primacía de la persona humana y de su capacidad crítica y creativa, nos parece que los nuevos medios de comunicación (TIC) pueden representar una oportunidad semejante. Pensamos que si afirmamos, con cambios y novedades, los valores del Humanismo en nuestro contexto, seremos capaces de resistir a la tiranía posible del determinismo tecnológico y a esa fuerza ciega del capitalismo financiero sin conciencia.

Creemos también que plantear y proclamara el nuevo humanismo es volver al tiempo de las utopías muy propias del renacimiento, y de hombres como Tomás Moro que con un sentido ético estricto y responsable se atrevieron no sólo a pensar en futuros alternativos, sino a resistir con todas sus capacidades los abusos de sus tiranos.

No fue el Renacimiento una época tranquila y totalmente esperanzada. Fue más bien un tiempo convulso, conflictivo, arriesgado y difícil, tan lleno de ideales y utopías como de violencia y ceguera intelectual y de soberbias tiránicas. Un tiempo paradójico, pero interesante. Como es nuestra época que nos presenta delante de nuestra percepción el más brutal enfrentamiento entre los principios más opuestos: el ansia de libertad de pueblos como el tunecino y el egipcio junto al despotismo medieval y tiránico de Gadafi; la capacidad de civilización de un pueblo como el japonés, ejemplar ante un terremoto, y la ceguera de un desarrollo nuclear que puede dejar en suspenso no sólo el futuro de la humanidad, sino la confianza sobre la inteligencia de la especie; la potencialidad revolucionaria de la tecnología que puede resolver algunos de los conflictos más antiguos de la humanidad, pero que, al mismo tiempo  puede, tal vez, conducirla a una nueva etapa de servidumbre, esclavitud y determinismo; la capacidad de creación de riqueza de una economía que parece potente y que de pronto se torna más vulnerable que ninguna otra en la historia, capaz de generar una recesión profunda e insondable…

Es ésta nuestra época. Tapio y yo no queremos decir que estemos ante un nuevo humanismo. Queremos reclamar, simplemente, su posibilidad. Nuestro discurso tiene una parte descriptiva. Pero, sin duda, también, una parte utópica. Es, en definitiva, una apuesta, realizada, eso sí, con fe y convicción.

Tal vez por la intensidad de esa apuesta sea por lo que sólo después de más de 10 meses, reanudo mi escritura pública. ¡Es un placer hacerlo, lector amigo!