A vueltas con las tribus urbanas


En el año 1997 publicaba –con otros colegas, Costa, Lacalle, Tropea- un libro sobre tribus urbanas en España[i]. Era una especie de “fotografía” instantánea, es decir, un texto muy descriptivo, sobre esas agrupaciones de jóvenes que empezaban, por aquel entonces, a hacerse visibles en las ciudades españolas. 

Ahora, en marzo del 2011, Televisión Española, a través del programa Todos para la 2 (minuto 19), me invita a participar en una tertulia sobre el tema y me da oportunidad de repasar el fenómeno.

A finales de los 90, las tribus se hacían llamativas en las ciudades, precisamente por su rareza y su singularidad: eran pocas y notorias. Se trataba de asociaciones de jóvenes que se inscribían una subcultura propia que consistía, básicamente, en una vestimenta singular, ciertos valores vitales, una socialidad propia  -identificación, lealtad, jerarquías, etc.- para con los miembros, una sentimentalidad y rituales… Tenían en común todas ellas que se presentaban como rebeldes y alternativas ante las maneras y estilos de la sociedad en general, los denominados “formales”. Y esa distinción y esa alternatividad –ese estilo de vida propio- les daban sostén sicológico. Lo cual aprovechaban, sobre todo, los adolescentes.

Esas tribus no surgían por generación espontánea, copiaban modelos y vestimentas de tribus internacionales que habían proyectado su imagen fuera de las fronteras. Pero como sucede en el campo lingüístico, al igual que los idiomas crean sus propios dialectos adaptándolos a las realidades locales las tribus practicaban un lenguaje general, pero en dialecto local .

Nuestro punto de vista, al estudiar estos fenómenos, era sociocomunicativo,  semiótico, y usábamos las teorías de Maffesoli[ii] y de Hedbidge[iii], y, un poco menos, en Stuart Hall[iv], así como muchas otras aportaciones de la sicología social y la semiótica.

Se habló entonces mucho de las tribus y los jóvenes adolescentes empezaron a interesarse por el fenómeno. Inusitadamente nuestro libro fue un éxito de ventas alcanzó, pronto, las diez ediciones y las tribus empezaron a usar el lenguaje y las clasificaciones que habíamos empleado. Era claro que nuestro estudio retroalimentaba el curso de generación y transformación de las propias tribus.

Pasado el tiempo, más de 15 años. Las tribus han proliferado en todos los lugares. Son un fenómeno mundial. En cada país y en cada ciudad se encuentran “faunas” específicas. Todas ellas comparten estilos de vida y de vestimenta, sentimentalidad singular, músicas y costumbres propias, grados de socialidad formalizada… Y según sea el contexto social y económico, se hacen más o menos violentas, reivindicativas o meramente estetizantes. El fenómeno es el mismo pero ha aumentado de intensidad. Se aprecia en la actualidad cómo el comercio se ha adueñado de lo que era una circulación de valores  y objetos de trueque y comunicación personal. Hay ya una industria de las tribus. Tiendas enteras que se han adueñado de la estética y de los modos de las tribus urbanas. Boutiques especializadas. Salas musicales para tribus precisas.

Tal vez por ello pueda decirse que en el fenómeno tribal juvenil de hoy hay más mercado que sociedad, más estética que ética, y más docilidad que alternatividad.

Se ha producido consecuentemente un vaciamiento del valor de los símbolos empleados, y se ha extendido un descreimiento ante los iconos que un día tuvieron connotaciones políticas o religiosas (esvásticas, estrellas rojas, el Che, imágenes de diablo, tótems, etc.) y hoy sólo tiene valor estético, convencional casi banal. Al mismo tiempo, esas tribus no son ya actores sociales plenos, sino figuras para el ocio urbano y el entretenimiento, y sus modos de vida no son más que el dialecto curioso, pero subordinado, de una lengua común que es el consumo. Su rebeldía, por tanto, es más de pose que de fondo, y participan plenamente en la “democracia de consumo” en que parece imponerse en las sociedades dominadas por el capital financiero.

La cuestión de si siguen proponiendo, como en su origen, algún contenido de rebeldía, de alternatividad, alguna voluntad de cambio o alguna propuesta de transformación, aunque ésta sea más espontánea que pensada, parece que puede empezar a contestarse en negativo. 

En todo caso, he aquí algunas referencias para seguir observando el fenómeno.

  • Delgado, Lola y Lozano, Daniel: Tribus urbanas: guía para moverse con soltura entre frikis, solid, arios, cool, hiphoderos, tineros, cutrefamosos… Madrid, la esfera de los libros, 2004.
  • Scadroglio, Bárbara: Jóvenes, grupos y violencia : de las tribus urbanas a las bandas latinas, Barcelona, Icaria, 2010.
  • Aguirre Baztán, Ángel:  Skins, punkis, okupas y otras tribus urbanas, Edit. Bárdenas,1997.
  • Canteras Murillo, Andrés et al., Sociología de grupos pequeños: sectas y tribus urbanas, Consejo General del Poder Judicial, 2001.

[i] Costa, Pere-Oriol ;  Pérez Tornero, José Manuel ;  Tropea, Fabio: Tribus urbanas : el ansia de identidad juvenil : entre el culto a la imagen y la autoafirmación a través de la violencia , Barcelona, Paidós, 2005.

[ii] Maffesoli, Michel: El tiempo de las tribus. El declinamiento del individualismo en las sociedades de masas, Barcelona, Icaria, 1990.

[iii] Hedbidge, Dick, Subcultura: El significado del estilo, Barcelona Paidós, 2005.

[iv] Hall, Stuart, Resistance through Rituals. Youth Subcultures in Post-War Britain, Londres, Hutchinson University Press, 1983.