La protección de los menores y la televisión (1)

El 24 de Marzo estoy invitado a participar en un debate que organiza el proyecto Procotin y su Observatorio para la protección de la audiencia infantil ligado a Kids and Com que dirige Luis Núñez Ladeveze –siempre activo y en forma-.

El proyecto tiene la capacidad de reunir periódicamente a cuantos agentes sociales participan o pueden participar en la protección de los menores y a la defensa de sus derechos en relación con los medios: organizaciones no gubernamentales, internacionales, entidades del estado, medios, etc. Además de a los principales grupos de investigación españoles sobre la materia.

La mesa de debate en la que participo está moderada por Carmen García Galera –que trabaja bien y desde hace tiempo en la relación niños televisión-. Intervienen: Beatriz Martínez Guijarro, Asesora del Gabinete Técnico, Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid; Iñigo Millán-Astral. Presidente de Ic-media; Liliana Orejuela. Departamento de Comunicación. Safe the children; Luis Carbonel Pintanel – Presidente de Concapa; Gabriel González-Bueno Uribe. Responsable de Políticas de Infancia, Unicef; Ángeles Pérez Chica. OCTA representante de la Unesco;  Elena Sánchez Caballero -Defensora del Telespectador RTVE; y yo mismo como vice-presidente de  European Asociation for Viewers` Interest (http://www.eavi.eu/).

Transcribo a continuación las preguntas que centrarán el debate y un apunte de lo que serán mis propias respuestas. Lo hago en dos partes, ésta es la primera y mañana publicaré la segunda.

COMPROMISO INCIERTO

¿Qué tipo de compromiso tienen las entidades, organizaciones o asociaciones, que trabajan en el campo de la infancia, en el ámbito de los contenidos audiovisuales?

En teoría, deben reconocer que buena parte de la vida de los menores se desarrollar en y con los medios de comunicación. Si desean que su tarea sea integral y efectiva, deben velar por orientar y tutelar –también proteger y defender- esa vida mediática. En la práctica, la realidad es que buena parte de esas organizaciones obvia la cuestión mediática. A causa de su transparencia, la “campana” mediática se hace invisible a la sociedad.

Hace unas semanas tuve el honor de ser invitado por UNICEF a formar parte de la Mesa interdisciplinaria de personas expertas en la infancia, presididida por Josefa Fernández Barrera. En ella se trataba de estudiar y enriquecer un documento previo: La aplicación de la convención de los derechos del niño en Catalunya. Pues bien, en esa iniciativa que es, sin duda, importante y que puede ser trascendente, la “realidad mediática” no estaba apenas considerada en el documento. Muy probablemente, esto se enmendará, pero no deja de ser significativo que, mientras que la Convención de derechos del niño proclame en sus artículos 13 y 17,  -especialmente, el compromiso exigible en materia de libertad de expresión y de relación del niño con los medios-, en la práctica se incurra en un descuido flagrante sobre el tema. Obviamente, no me estoy refiriendo a un descuido por parte ni de UNICEF ni de otras entidades semejantes, sino de descuido de la sociedad en general.

2. ¿Cómo se percibe desde el ámbito en el que se trabaja la responsabilidad de los medios de comunicación frente a la infancia?

Si me refiero al ámbito concreto de mi investigación (Gabinete de Comunicación y Educación) y de mi actividad cívica (EAVI y Mentor), tengo que decir que en ellos la cuestión de la responsabilidad de los medios ante los niños y menores se considera fundamental. Nada puede hacerse en el ámbito de la educación y de la ciudadanía sin ayuda de los medios, sin contar con ellos. Sin embargo, en el ámbito académico –tanto universitario como no universitario- se echa de menos un descuido notable y culpable de la cuestión mediática. Todo se piensa y se gestiona como si los medios no existieran. Por ello no hay materias que los traten, no hay un auténtico esfuerzo por hacer que los estudiantes se alfabeticen mediáticamente. Es un problema internacional que, sin embargo, en nuestro país se advierte con especial crudeza.

OBLIGACIONES INCUMPLIDAS

3. Desde su punto de vista ¿Cumplen los medios con sus obligaciones de defensa de la infancia en su programación y/o contenidos? ¿Cómo se refleja o cómo se percibe esa defensa?

No en absoluto, aunque con alguna notabilísima excepción. Considerando sobre todo la televisión, hay que decir que los medios privados, priorizan el beneficio económico y su maximización y el problema de los menores –de sus derechos y de su formación- es ignorado sistemáticamente. En lo que se refiere a los públicos, digamos piadosamente que los menores constituyen una cuestión de segundo plano.  En su conjunto la situación es preocupante.

4. ¿Qué acciones aún no se han puesto en marcha –y que deberían haberse implantado ya- para hacer un mayor hincapié en la defensa de la infancia y los medios audiovisuales? Determinar qué actuaciones se deberían iniciar y desarrollar desde los diferentes ámbitos implicados –organizaciones, asociaciones, universidades- para ofrecer una educación –o alfabetización- mediática que permita a la infancia tener una actitud crítica constructiva frente a los medios.

En materia de regulación, aún no se ha constituido el Consejo Estatal de Medios Audiovisuales. Teniendo en cuenta que ésta es una asignatura pendiente desde hace como mínimo 18 años en el que la comisión presidida en el Senado por Victoria Camps y todos cuantos participamos, de un modo u otro en ella –y por supuesto todos los grupos políticos- , ya estábamos de acuerdo la urgente necesidad de su creación… ¿Por qué aún no se ha creado? ¿Cuestión de hipocresía, de desconocimiento, o de intereses creados? Un poco de todo, seguramente.

En materia de televisiones públicas, falta un auténtico esfuerzo de impulso de la producción propia, de la participación de los menores en la programación y en la producción y una visión educativa de fondo. Prevalece la comercialidad barata, eso sí plagada de aparente buenas intenciones, pero sin un trabajo riguroso y serio por debajo. Naturalmente, sea dicho esto reconociendo la existencia de notabilísimas y loables excepciones.

En materia de industria privada de televisión –si hacemos excepción de algunas productoras de programas infantiles que realizan una buenísima labor- lo dramático es que las televisiones privadas han decretado la expulsión de los niños de sus programaciones.

Por lo que hace al sector educativo: continuamos sin implementar adecuadamente el tratamiento de la educación en medios en nuestro sistema educativo. Damos un paso adelante y dos para atrás.

Si hay que señalar algo positivo en este panorama general de dejación, hay que señalar el reciente impulso que tanto la UNESCO como la Comisión Europea están dando al tema de la alfabetización informativa y mediática, en la que tanto tienen que ver los menores.