Nada es gratis en el capitalismo

Octubre de 2008. En este mismo blog citaba textos del El País: “Pasan los días y ya en Octubre la crisis y el miedo es ya pánico. La semana que culminaron ayer los mercados mundiales –decía entonces un editorial de El País- es peor incluso que las peores semanas de los meses de octubre de 1929 y 1987. (…) peor que ningún otro crash”…

Han pasado tres años. Estamos ya en Noviembre de 2011. Pero la situación apenas ha variado. Efectivamente, las primas de riesgo de países “sistémicos” como Italia y España rozan el desastre, las bolsas caen, el paro aumenta, el crédito es inexistente. Hay miedo y pánico, como entonces, solo que ligeramente embotados ya por la costumbre.

Eso sí, hay nuevas comparaciones  sobre la mesa. Según Merkel, estamos “en tiempos de cambio de época en los que Europa atraviesa su hora más difícil desde la II Guerra Mundial”. También es nuevo, aunque se diga menos, que ahora el problema no parecen ser ya los bancos, sino las deudas soberanas. Sin embargo, es evidente que no han variado ni la desconfianza en el sistema económico, ni las pocas esperanzas de encontrar soluciones a medio plazo.

Es todo el sistema el que parece estar dando una vuelta de tuerca más en su propio huracán. Primero se retorcieron hasta el extremo los bancos –a base de quiebras y caídas- y el entero sistema financiero, luego los estados –aumentando dramáticamente su deuda soberana-, y después la política en general –ofreciendo referéndums fracasados y dimisiones al siempre soberbio altar de los “mercados”… Ninguno de ellos -bancos, estados, gobiernos…- deja, desde luego, buena figura para la historia. Salen malparados y cabizbajos. Lo que sorprende es que, en cambio, el capitalismo parece seguir ufano, dueño de sí mismo, aunque solo sea en apariencia.

Pero, ¿por qué? ¿qué tiene el capitalismo para poder estar en todas las batallas y salir aparentemente indemne? ¿Por qué aún, con lo que está cayendo, parece mantener buena figura?

Nada es gratis

Uno no puede dejar de preguntarse sobre todo ello cuando lee Nada es gratis , un buen libro de divulgación sobre la crisis económica de España donde se nos intentan explicar, de modo sencillo y comprensible, las turbulencias del sistema económico y cómo afectan éstas a nuestro país.

Y al hacerme esta pregunta sobre la continua buena imagen del capitalismo, y a tenor del contenido de este libro,me parece evidente la respuesta a esa pregunta. La buena imagen del capitalismo se basa en que parece la virtud que consiste en que, en cualquier circunstancia -incluso en momentos tan espantosos como los que vivimos en los que cualquier otro actor hubiera desfigurado ya su propia cara- el capitalismo sabe, en cambio, presentarse como algo angelical, como un juego con reglas y límites en el que siempre gana el mejor. Es así como se presenta en Nada es gratis.

Se podría decir, pues que la mejor arma del capitalismo es la impasibilidad, la capacidad de hacer como si nada fuera con él… en el fondo su falta de compromiso con nada que no sea él mismo. Insisto,  Nada es gratis me parece la evidencia de esta impasibilidad del capitalismo, de su capacidad de decir: “nada va conmigo”.

El libro puede leerse como un conjunto de diagnósticos y de recetas que parten de una premisa que sus autores dan por fundada: las reglas del juego capitalistas no sólo son buenas, sino que no pueden ser de otro modo.

En Nada es gratis, el capitalismo se presenta como un juego casi inocente, como las reglas de un partido de fútbol, sin responsabilidad sobre los posibles desenlaces, sin responsabilidad tampoco sobre ninguno de los males que se pudieran producir… y la economía, por su parte, aparece como el arte estratégico de jugar bien ese juego: en definitiva, como un juego respetuoso.

Los autores de Nada es gratis, un grupo de economistas académicos de primera línea –con toda la sagacidad, audacia y perspicacia del mundo; también, seguramente, con toda su buena intención- describen la crisis económica española como si se tratara sencillamente de un partido de fútbol, es decir, de un simple juego en el que las reglas son conocidas, existen árbitros más o menos imparciales y unos equipos se enfrentan con otros volcando en ello sus mejores talentos. Pero un partido que, sencillamente, los españoles hemos jugado y estamos jugando mal.

Siempre, según estos autores, si el país lo está pasando mal es, sencillamente, porque no tiene los mejores jugadores –no los ha sabido fichar-, porque no ha organizado un buen sistema de incentivos – es decir, no paga bien a los jugadores “excelentes”- y, sobre todo, porque el contrincante, muchos más rápido y eficaz, ha metido más goles que nosotros. ¡Porque basta pensar en la selección española, campeona del mundo, para pensar que las cosas se pueden hacer de otro modo…!, dicen los autores.

Nada más sencillo que esto. Así que, conclusión: no hay que tocar el capitalismo, ni quejarse de sus crisis ni de sus exabruptos… Es sólo un simple juego: o aprendemos a jugar bien ese juego o saldremos malparados. Porque, no lo olvidemos, si salimos mal parados, la culpa no es del sistema, es solo nuestra.

Sin embargo, saliendo del libro y mirando a nuestro alrededor ¿qué se percibe? Pues, tensión, ruina, paro, depresión, precariedad laboral, ilusiones rotas, histeria mercantil, especulación, sálvese quien pueda… También corrupción, engaño, falta de transparencia…

Pero, me pregunto, ¿por qué no están estos temas incluidos en los factores de la crisis que trata de explicarnos Nada es gratis? ¿Es que, acaso, no forman parte de la crisis? ¿Es que no componen también su auténtico rostro?

Pues bien, casi nada de estos factores están tratados en el libro citado. Allí todo parece presentarse como un juego de contabilidad y técnico, con errores, pero sin intereses perversos, sin agresiones y atropellos… Los autores nos presentan un mundo en el que todo parece fruto de estrategias abstractas e inocentes… como si la economía se jugara en un mundo que no es el real. O como si se tratase de un puro juego sin consecuencias

¿Podríamos pensar que este enfoque es una visión académica? ¿Lo es porque la academia gusta de los juegos de salón? O ¿es que los autores no ven, o no quieren ver, que hay reglas, juegos y sistemas que tienen contradicciones fundamentales, que establecen reglas perversas -por ejemplo, cuanto mayor es la deuda de alguien, más intereses se le hace pagar-?

Si se contempla el auténtico rostro de nuestra crisis – ese que ya hemos mencionado-, ¿podremos seguir considerando que el capitalismo es solo como el fútbol, un simple juego inocente? O, en cambio ¿debiéramos pensar que, en todo caso, se parece más al espectáculo de un circo romano donde el público esperaba y propiciaba que hubiera sangre y muertes, sin lo cual no se conformaba? ¿O deberíamos reconocer que hay un juego más amplio grande e importante que el de la economía que es, sencillamente el de la vida sobre el planeta, y que en ese juego las consecuencias del juego de la economía pueden ser fatales?

Yo creo que, a la vista de lo que vemos, habría que empezar a pensar que estamos más cerca del circo romano y del juego de hundir el planeta que de un sencillo e incruento juego de salón.

Tal vez, dirán ustedes, no es para ponerse estupendo… pero a mi sí me parece significativo que, en el mismo momento en que Merkel habla de una situación parecida a la Segunda Guerra mundial, es justo cuando Obama, Netanyahu y Ahmadinejad hacen sonar los tambores de una guerra en Irán -que, esta vez sí puede ser nuclear-. No tendríamos, entonces, que dejarnos de explicaciones propias de un juego de salón y disponer de una visión más realista y menos angelical de lo que está sucediendo? Sea dicho esto, en todo caso, con el merecido respeto que se han ganado los autores de Nada es gratis

Nada es gratis… Elegir un punto de vista -y no mencionar el otro- tampoco es gratuito…