De la contravigilancia al espionaje masivo e indiscriminado

El Gran Hermano espía masivamente

Hace unas semanas, Javier Ricou, periodista de la Vanguardia, que preparaba  un informe sobre “La vigilancia del Gran Hermano” me pidió opinión sobre la siguiente cuestión: “¿El ciudadano vigilado por un poder que lo controla todo empieza a asumir, de la mano de las nuevas tecnologías, el papel de vigilante de ese gran ojo que todo lo ve?”. O, dicho de otro modo: ¿Podremos los ciudadanos resistir el embate de la vigilancia del Gran Hermano?

He aquí algunas respuestas:

¿Pueden ser las videocámaras personales un instrumento para oponerse y controlar los abusos del poder por parte de los ciudadanos? Sí, claro, pero sólo en algunos casos. Lo significativo, en cambio, es precisamente lo contrario: que el poder, actualmente, tiende a usar las videocámaras de las calles para imponerse y controlar a los ciudadanos. 

De hecho, estamos avanzando hacia un estado de vigilancia total que se alcanzará cuando todas las cámaras –terrestres o satelitales- se integren en un sistema central de monitorización y visualización. Y no estamos lejos de ello. 

Por eso, frente a este estado de vigilancia ubicua que se avecina, las videocámaras contra los abusos sólo pueden considerarse armas blancas usadas en una especie de guerra de guerrillas en las que el adversario utiliza armas pesadas. 

Pese a todo ¿se conseguirá progresar democráticamente con esta guerra de guerrillas? Sí, pero con lentitud. Para avanzar, lo que verdaderamente importa, en cambio, es controlar democráticamente el uso de la videovigilancia que hace el poder, y sus abusos. Y aquí la implicación ciudadana sí es crucial. 

Ésta es la auténtica batalla visual y democrática de nuestros días”. 

Sólo horas más tarde WIKILEAKS anuncia que dará a la luz Spyfiles, un informe sobre cómo operan infinidad de empresas para la inteligencia y el espionaje.

Europa Press informa de que “Con estos archivos, Wikileaks desvela el funcionamiento de la tecnología de vigilancia y espionaje que los gobiernos y otras organizaciones pueden comprar para espiar a “individuos o poblaciones enteras”. En este sentido, de los documentos se desprende que aparatos como Blackberry o iPhone pueden grabar cada toque de teclado que haga una persona y que hay aplicaciones que permiten hacer fotografías a los usuarios de los MacBook mientras los están utilizando. “¿Quién de aquí tiene un iPhone?, ¿Quién tiene una Blackberry? ¿Quién usa Gmail? Pues estáis todos jodidos. La realidad es que los contratistas de Inteligencia están vendiendo ahora mismo a países de todo el mundo sistemas de vigilancia para esos productos”, ha dicho Assange durante una rueda de prensa en Londres”.

“Las compañías de espionaje internacional están asentadas en los países con tecnología más sofisticada y venden su tecnología a cualquier país del mundo. La industria está, en la práctica, sin regular”, ha señalado Wikileaks a través de su página web. “Las agencias de Inteligencia, ejércitos y Policía son capaces de interceptar llamadas sigilosamente y en masa, así como de intervenir ordenadores sin la ayuda o conocimiento de los proveedores de red”, ha agregado. “La localización física de los usuarios puede ser sometida a seguimiento si llevan encima su teléfono móvil, aunque no esté en funcionamiento”, ha revelado. Assange ha recalcado que Estados Unidos, Reino Unido, Sudáfrica y Canadá están desarrollando “sistemas de espionaje” y que la información está siendo vendida por igual “a dictaduras y democracias”.

En total, los archivos desvelan información de 160 empresas, entre ellas la española Agnitio –que ofrece “la más avanzada tecnología de biometría de voz que permita la identificación, rastreo y precisa verificación de identidad usando la voz”, según su página web–, que estaría desarrollando estas aplicaciones y aparatos de espionaje, ignorando o saltándose la regulación y “haciendo un guiño a los regímenes dictatoriales que cometen abusos contra los Derechos Humanos”.

Durante la investigación de estas compañías, Wikileaks, con la ayuda de la revista ‘online’ francesa ‘Owi’, habría descubierto cómo la compañía de seguridad francesa Amesyssold habría vendido equipamiento de estas características al ex líder libio Muamar Gadafi –asesinado el 20 de octubre por tropas rebeldes a las afueras de Sirte, su ciudad natal– para espiar a la oposición”.

No estamos ya ante caso de vigilancia individualizada y personalizada, sino ante un auténtico espionaje masivo en indiscriminado. “Las compañías venden en secreto equipamiento para grabar constantemente las llamadas de teléfono de países enteros. Otros graban la localización de todos los teléfonos móviles de una ciudad, con un margen de 50 metros. Los sistemas para infectar a todos los usuarios de Facebook, o propietarios de ‘smart phones’ están en el mercado de Inteligencia”.

Si estas informaciones –que, por supuesto, parecen creíbles- son ciertas, a la vigilancia mediante videocámaras, habría que añadir la vigilancia que nuestros dispositivos móviles, auténticas prótesis de nuestros cuerpos, proporcionan a esa constelación de poderes diversos que quieren controlarnos.

En consecuencia, no hay un Gran Hermano, hay muchos Hermanos Grandes, pero todos se relacionan entre sí y todos, de alguna manera cuentan con nosotros y nuestros móviles. De hecho, estamos avanzando hacia un estado de vigilancia total. ¿Quién puede dudarlo?