LA RADIOTELEVISIÓN PÚBLICA NO PUEDE SER ASISTENCIAL

GIUSEPPE RICHERI

La crisis económica europea –aunque tenga sus causas en la existencia y extensión de un casino financiero  internacional, o en la irresponsable expansión de la deuda privada (léase, bancaria) o en la timorata gestión  del  Euro- lo que ha conseguido, en todo caso,  es poner en jaque y contra las cuerdas a todas las instituciones públicas y a los servicios que presta: educación, salud, investigación…

Y, por supuesto, el servicio público de radiotelevisión en Europa no se escapa de esta amenaza. Al contrario, parece peligrar en todos los frentes.

LOS ENEMIGOS DEL SERVICO PÚBLICO DE RADIOTELEVISIÓN

¿Cuáles son sus enemigos? ¿Qué conspiraciones o dificultades se encuentra?

Entro otros, los siguientes: A) Las estrategias de privatización o, lo que es lo mismo, de apropiación de bienes públicos por parte de corporaciones privadas. B) El aumento de la precariedad financiera de los propios servicios públicos.  C) El agravamiento de la manipulación política por parte de los gobiernos de turno.

La actual crisis económica está acelerando procesos y precipitando situaciones. Y lo hace con inusitada fuerza allí donde la crisis financiera se hace más palpable, o sea, en los países del sur de Europa: Grecia, Italia, Portugal, España, etc.

Un breve repaso nos permite una visión global. Actualmente, se proclaman estrategias de privatización en Portugal –donde se ponen a la venta canales públicos- y en España -donde hay proyectos legales para pasar a la gestión privada la televisión autonómica-. La precariedad financiera es general, pero acuciante en los casos de España, Portugal y Grecia. Y la manipulación política se hace evidente, aunque no solamente, en Italia –donde la huella de Berlusconi permanece, y se vislumbra en el resto –a recordar el cambio apresurado del sistema de nombramiento del Presidente de RTVE, entre otros-.

Y todo ello coincide con, por un lado, a) una ofensiva creciente de los medios privados que, envalentonados con el apoyo político neo-liberal, buscan acaparar nuevos negocios o, como mínimo, sobrevivir con los que tienen;  b) una gestión deficiente del sector público televisivo por parte, incluso, de gobiernos socialdemócratas supuestamente interesados en sostenerlo  –el caso de la evolución de la  deuda en el caso de RTVE es patente;  también en la televisión pública portuguesa-; c) una cierta debilidad argumental por parte de los defensores de la televisión pública acrecentada en los últimos tiempos ante el cambio que ha supuesto la irrupción del nuevo entorno mediático.

De todos ellos, el que resulta más llamativo, porque es el menos explicable es el desarme ideológico parece estar sufriendo la defensa de la televisión pública.

Si hace unos cinco años, parecía, al menos en España, que se conseguía una cierta organización de los argumentos a favor de la televisión pública[i], al cabo de un tiempo y en plena crisis económica parece que el argumentario a favor de la televisión pública pierde fuelle.

Es cierto que algunos cambios decisivos en lo que era el argumentario tradicional en favor de la televisión pública se tiene que dar, pero ello no tiene por qué justificar la amplia retirada que parece estar produciéndose.

ALGUNAS CIRCUNSTANCIAS QUE DEBEN REVISARSE

Recordemos algunos de sus ejes centrales: A) la escasez de frecuencias de distribución que obligaba al Estado a hacerse responsable del espectro y a crear concesiones a la iniciativa privada para usarlo. B) La necesidad, por parte del Estado, de amparar la participación pública en la radio y televisión. C) la exigencia de asegurar la diversidad en un discurso audiovisual escaso.

Pues bien, todas estas condiciones han cambiado favorablemente. La escasez de frecuencias se ha visto contrarrestada por la digitalización de la televisión, los satélites y la televisión vía Internet. La participación ciudadana se ha ido potenciado –incluidos los ámbitos audiovisuales- en el mismo momento que Internet y la web 2.0 han prestado medios a los ciudadanos activos.  Finalmente, la diversidad se ha promocionado enormemente al aligerarse las condiciones y exigencias que pesaban anteriormente sobre la libertad de expresión.

¿Quiere esto decir que se no hay ya lugar para la televisión pública, que ha perdió su legitimidad y que, por tanto, puede liquidarse?

LA NUEVA LEGITIMIDAD DE LA RADIOTELEVISIÓN PÚBLICA

G. Richeri  ha examinado esta situación en un texto que publicará la revista Diálogos. Su conclusión es bastante llamativa viniendo de quien tradicionalmente ha defendido beligerantemente la necesidad del servicio público de televisión. Desde su punto de vista, dada la existencia del nuevo entorno tecnológico y la facilidad con la que los ciudadanos activos y con recursos pueden asegurarse una dieta comunicativa diversa, plural y adaptada a sus demandas, la televisión pública sólo tendría un destinatario: el grupo de personas que quedan excluidos de esas posibilidades y que Ricieri describe así:

“Queste categorie di telespettatori, che possiamo definire information poor  non guardano la tv a pagamento, leggono poco o per nulla i giornali, non navigano in Internet. Anche se fossero in grado di svolgere queste attività avrebbero pochi strumenti per orientarsi, per scegliere, per trovare i contenuti che desiderano, cio’ che puo’ soddisfare i loro bisogni”. A ellos iría detinada la nueva televisión pública que, siempre según Richieri quedaría así auténticamente legitimada: “Il punto di partenza per legittimare la televisione pubblica è la frattura che divide e dividerà sempre piu’ gli information rich dagli information poor . La sua missione principale dovrebbe essere quella di contribuire a saldare, a ridurre, semmai a contenerre tale frattura spalancando le porte dell’informazione e della cultura dell’intrattenimento di qualità agli information poor. Mi sembra che questo terreno rappresenti anche una sfida stimolante per i professionisti della televisione che potrebbero investire le proprie competenze per realizzare programmi con un’ampia gamma di generi e di fromati, di linguaggi e di contenuti destinati a riconquistare un ruolo di servizio pubblico a partire da qualla fascia di telespettatori che ne ha ancora bisogno”.

Lamento no estar de acuerdo en este punto con Giuseppe Richieri con quien tantas inquietudes comparto y a quien tanto aprecio. Y ello por dos razones. La primera, porque su proyecto de redefinición de la radiotelevisión pública conduciría a la creación de una radiotelevisión pública de tipo asistencial, para pobres, y aumentaría la dualización social con que nos amenaza la crisis económica. Y, segundo, porque en su razonamiento ignora el peso importante que aún tiene –por abierto que sea el sistema comunicativo- el poder de las grandes intereses de las corporaciones privadas en el discurso audiovisual.

EL PELIGRO DE UNA RADIOTELEVISIÓN PÚBLICA ASISTENCIAL

La propuesta de Richieri conduce, desde nuestro punto de vista,  a una peligrosa televisión pública asistencial, es decir, destinada a cuidar solamente a aquellos que el sistema económico y social ha hecho más desfavorecidos y no disponen de recursos; para el resto está claro que la televisión privada y los servicios de pago serían suficientes.

Pero legitimar esta función es, en cierta manera,  aceptar la existencia –o la generación- de un discurso audiovisual dual, uno para pobres y otro para ricos, uno de ayuda y protección y otro de diversidad y riqueza. Esto, lejos de promover la equidad y la solidaridad enfatiza la dualización social, fomenta la división y potencia la segregación. Y no podemos olvidar que la gran cuestión de la división social y de la exclusión es hoy en día, como lo ha sido siempre, la segregación, la separación entre grupos –sea por razones cultuales, ideológicas, sexuales o sociales-. Así que si la radiotelevisión pública tiene una misión ésta debería ser –como es para la educación, la sanidad y justicia públicas- el encuentro de todos en un espacio de soberanía compartida, en este caso, en una esfera comunicativa pública.

Esto es particularmente importante en un momento en que la tendencia hacia la fragmentación de medios y de entornos comunicativos es mayor que nunca, como han denunciado muchos investigadores.

PODER Y RADIOTELEVISIÓN

Queda luego la cuestión del poder. El que haya aumentado la diversidad y, por tanto, la capacidad para expresarse libremente –especialmente gracias a Internet- no quiere decir, ni mucho menos, que tengamos que olvidarnos de la relación entre poder y comunicación. Al contrario, esta relación más evidente que nunca. El aumento de la concentración de las televisiones en manos de oligopolios internacionales, el avance de la privatización, y, en conjunto, la creciente dependencia de muchos servicios comunicativos de muy pocas empresas –muchas de ellas norteamericanas- nos está indicando que el poder de muy pocos aumenta su influencia sobre los más. Lo cual es paralelo al hecho de que en los últimos tiempos el 2% de los habitantes del planeta hayan aumentado su cuota de riqueza en relación al 98% de la población restante.

En estas circunstancias, es obvio que se necesitan contra-poderes comunicativos que equilibren la existencia de oligopolios globales. Las radiotelevisiones públicas –pese al riesgo de depender de los gobiernos de turno- tienen la ventaja de que, en los países democráticos acaban respondiendo al voto de los ciudadanos.

No-segregación entre pobres y ricos –también desde el punto de vista comunicativo- y equilibrio de poderes entre los intereses privados y el interés general siguen siendo dos razones de peso, aún válidas, para que sea necesario seguir defendiendo la idea de radiotelevisiones públicas fuertes al servicio de la democracia.

Por el contrario, conceder que ya no queda más justificación que la asistencialpara mantener las radiotelevisiones públicas es dar un paso para atrás. Máxime si esto se produce en un contexto crítico de asedio a todo lo que signifique servicio público.

 

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